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Confusión

2011/06/09

Llevo sin anotar nada aquí desde el 30 de mayo. Y confieso por qué, sin ambages: no logro aclararme ni una sola idea; no tengo nada congruente y ordenado que decir. Una creciente percepción de la catástrofe en que vivimos me tiene la cabeza en perpetua alarma: no sé en qué incendio o qué derrumbe fijarme para pensar, no sé qué hilo seguir para orientarme, no sé de qué sufrimiento compadecerme antes, no sé qué podría recomendar a mis personas queridas, no sé qué pinto en esta sociedad que solo me permite el autoengaño y la complacencia en mis propios gustos y placeres (los que pueda pagarme, los que el cuerpo me aguante, que no son muchos). Abrumado, en mi caso, empieza a ser mejor palabra que indignado, porque ya no sé ni por dónde empezar a indignarme. Hay buenas cabezas que disparan con puntería e insistencia desde sus apostaderos (Rosa María Artal, por ejemplo), pero no localizo a nadie que proponga soluciones o caminos hacia la solución. Factibles, quiero decir. Está muy bien exigir que la luna deje de manipular las mareas (que se modifique la ley electoral española, pongamos por ejemplo), pero aquí de lo que se trataría, según entiendo yo, desde —ya digo— mi penoso revoltijo de ideas y sentimientos, es de exigir a quienes se han apoderado de la sociedad que dejen de infringir sus principios básicos y acaten su disciplina; y para ello me parece imprescindible que estos principios básicos queden clara y rotundamente expuestos; vueltos a exponer, porque los estamos olvidando.

Yo no sé cuáles son estos principios básicos, pero me parece evidente que para definirlos podemos partir de la declaración de derechos humanos, vueltos a exponer, con mayor rotundidad, ampliados y profundizados, con más enérgica exigencia de cumplimiento por parte de sus gestores, es decir los políticos. La sociedad está hecha de seres humanos, no de invitacion-feriacorporaciones y bancos; éstos no tienen ningún derecho; la convivencia no puede basarse en la optimización del lucro, como están intentando imponernos, como nos han impuesto; quizá no debamos vivir por encima de nuestras posibilidades, pero tampoco debemos admitir sin echarnos a la calle y quemar sedes de corporaciones y bancos, que nuestras posibilidades queden mermadas por la acumulación de nuestra riqueza en manos de unos cuantos canallas. No es de recibo que unos economistas de mierda, equivocados en todos y cada uno de sus planteamientos, nos declaren en bancarrota sencillamente porque diez o doce hijos de perra se están llevando toda la riqueza, retirándola de las estructuras fiscales y, por consiguiente, empobreciéndonos a todos. No tengo datos para hacer las cuentas, pero estoy totalmente seguro de que los 9.400 millones de euros en tiritas y aspirinas que la sanidad pública debe a sus acreedores podrían saldarse sobradísimamente si los receptores de los gigantescos beneficios de las grandes empresas y los bancos pagasen un pequeña parte de sus impuestos, en vez de mantener sus dineros en algún limbo fraudulento. Lo que pasa, lo malo, lo peor, lo aparentemente irremediable, es que ningún país puede ganar esta guerra contra los ricos inhumanos (¿son personas, son máquinas programadas?) si las medidas que se tomen no son internacionales. De nada, absolutamente de nada serviría que unos cuantos países se declarasen en rebeldía, porque no podrían salirse del sistema. Es irracional que exijamos de los gobiernos la adopción de unas medidas que no pueden tomar.

Quizá, en efecto, lo único que podamos hacer sea definir con absoluta claridad los términos de nuestro rechazo —me temo que no está haciéndose aún— y sentarnos en todas las plazas de todas las ciudades, sine díe —hay millones de parados que, por desgracia, no tienen otra cosa que hacer—, en espera de que algunos poderes recuperen el juicio y se vayan poniendo de nuestra parte, en espera de una revolución por aplastamiento, porque no hay sistema que pueda gestionar la protesta de varios cientos de miles de personas, todos los días, en el centro de las ciudades.

Pero, ya digo: no tengo una sola idea clara.

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  1. 2011/06/15 en 04:26

    Los tiempos no están para purezas, y yo desde luego no he leído en ninguno de los textos de Ramón ningún llamamiento a la pureza ni al anarquismo intelectualoide de tipo sedentario. A mí me han echado ya de demasiados sitios por el delito de querer hacer bien mi trabajo (que lleva unos minutitos más) o de negarme a practicar con ancianitos la eutanasia activa cómo para dedicarme a ir de Quijote por la vida. Han logrado no solo indignarme, sino asquearme hasta la náusea, ya que ha salido Sartre a colación, de modo que estoy indignada, airada, cabreada y todas las adas que pueda haber y encima con ardor. Pues muchos, muchísimos estamos así. Bueno, pues toda esa mano de obra maltratada se está poniendo en pie de guerra. Es un problema de aguante, y la cuerda que mantenía en su sitio a la prudencia se ha roto. De golpe, ha pegado un reventón. Estos politicastros tan divorciados de la ciudadanía real, me temo que ya han perdido el control sobre esa ciudadanía que tanto han despreciado. Ahora están acojonados, y con razón. Yo también creo que entre todos vamos a conseguirlo. Hay propuestas bien concretas, elaboradas, argumentadas. Va a llevar su tiempo, pero ya hay objetivos. Uno de ellos es una huelga general, pero de las de verdad, o séase: la que se sabe cuándo empieza pero no cuándo acaba. Yo estoy empezando a ir a las acampadas, y estoy realmente sorprendida de la preparación de algunos de los acampados, y de la gran dignidad y solidaridad que he visto. Sí, creo rotundamente que podemos. La gente no está dispuesta a ceder. Ya no les queda ni una gotita de paciencia. Ni de resignación tampoco.

  2. rafael
    2011/06/10 en 06:04

    ‎”La pureté est une idée de fakirs et de moines. Vous, intellectuels anarchistes vous vous en servez de prétexte pour ne rien faire. Moi j’ai les mains sales. Je les ai trempées jusqu’aux coudes dans la merde et dans le sang.”

    Buenos días, D. Ramón. Quizá es tiempo de releer en voz alta “Les mains sales”, de Sartre. Quizá, en lo que concierne a España, en vez de releer cada año El Quijote, habría que releer La Declaración de los Derechos del Hombre.

    Saludos.

    • 2011/06/10 en 11:16

      Cómo no estar de acuerdo, aunque, con franqueza, Les Mains sales ya me pareció un texto demasiado ambiguo cuando lo leí por primera vez, con dieciséis o diecisiete año. Ese «Non récupérable!» del final… Es verdad, por otra parte, que El Quijote, obra maestra indiscutible de la literatura, es un texto estático, que invita a seguir siendo iguales para siempre. Es verdad… Pero no soy consciente de haber predicado ninguna clase de pureza, nunca.

  3. Alvaro Martinez de la Vega
    2011/06/09 en 20:41

    Yo tampoco tengo las ideas muy claras, aunque no me siento tan pesimista, porque respecto al 2008, me alivia ver que en el mundo árabe y otros sitios hay gente que se ha decidido a arriesgarse por conseguir algo mejor para todos, pero me encanta lo bien que se explica usted: ayuda a reflexionar, y eso es lo primero (o lo segundo, lo primero más bien es simpatizar con quienes lo están pasando mal, que ha sido el paso previo)

    • 2011/06/10 en 11:20

      No soy pesimista. Creo que el peso de las multitudes que ellos mismos han creado (los desposeídos, los parados) acabará aplastando la dictadura de los canallas financieros. Lo que pido es una declaración previa que englobe todas las peticiones parciales.

  4. FUNCI
    2011/06/09 en 20:19

    “Habrá un día en que todos/ al levantar la vista/ veremos una tierra/ que ponga libertad”. Yo sí creo que entre todos podemos conseguirlo, Ramón. Un abrazo.

    • 2011/06/10 en 11:25

      Y yo. Por cierto que esa canción de Labordeta es muy muy muy recuperable.

  5. Olga
    2011/06/09 en 13:00

    Somos miles l@s Casandr@s…

  6. 2011/06/09 en 11:53

    Echaba de menos sus artículos.

    Siguiendo su argumentación, si el 15 M o algo parecido no surge y se desarrolla también en China será muy difícil salir de esta crisis sin romper el Estado del Bienestar. “Hay que ser competitivos”, dicen, “a toda costa”.

    Casi como el “efecto mariposa”, el principio del fin de nuestro Estado del Bienestar fue la entrada de los tanques chinos en la plaza de Tiananmen el 5 de junio de 1989.

    Un saludo.

  7. Atenea L2
    2011/06/09 en 11:39

    Pues ya somos dos… y seguro que dos mil millones también.

  1. 2011/06/09 en 10:56
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