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Estos, Fabio, ay dolor

2011/05/13

Jamás la habría reconocido: esta dama inglesa de la izquierda tiene 68 años, lleva casi treinta article-1386512-0BB42A4B00000578-540_470x1024desaparecida en el hotel de Cornualles que regenta con su marido, y fue —con otra chica llamada Twiggy— la modelo top de los años sesenta, la lanzadora de la minifalda de Mary Quant, el icono1 de Carnaby Street, una de las más famosas de las famosas de entonces, que nunca fueron tan famosas como las famosas de ahora, porque había mucha menos tele que cortar… La Gamba, la llamaban los periodistas españoles, traduciendo el The Shrimp inglés (que en realidad no tenía origen en ningún parecido de la chica con ningún crustáceo, sino en el mero apellido: Jean Shrimpton).

A mí me gustaba mucho más Twiggy, por su enorme cantidad de ojo y por cómo se rayaba las pestañas inferiores [bueno, no se confundan: la de la izquierda, más abajo, es Jean Shrimpton, que también llevaba las pestañas inferiores rayadas, como todas, supongo, no me acuerdo; pero ninguna tanto como Twiggy, créanme); no por ello, sin embargo, deja de sorprenderme lo que han hecho los años con su colega. Sí, ya, claro: la digna vejez, ya querría yo estar así a su edad, etcétera: tonterías de jovencito ignorante: no hay nada bueno en la vejez, nada comparable al esplendor. Nada. Nada. Aunque siga una siendo bastante altita y sea capaz de ponerse una falda de bruja bajo un vestidito verdoso de adolescente. Zapatos planos.

(No sé si se estarán donde cuenta ustedes, pero es que se aproximan las elecciones y prefiero hablar de cualquier otra cosa. Comprendan que, para colmo, este modesto siervo de la bloga3 reside en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón, donde el PP obtiene infaliblemente cerca del 70% de los votos, aunque presenten a un mono, como dice mi hijo Yago (este año proponen para alcaldesa a una niña topolino con más cara de frívola que de ladrona2) (y el candidato del PSOE tiene una cara de perdedor que dan ganas de subirse al poste y pintarle un Smile en la frente).

1 Antes de que la informática resucitase la palabra «icono», que entonces solo se utilizaba para nombrar cuadritos dorados bizantinos y para llamar «iconoclasta» a quienes no respetaban ‘la merecida autoridad de maestros, normas y modelos’ (unos cuantos profesores me aplicaron el adjetivo, no crean; y me molestaba, porque ser un iconoclasta suponía la existencia de iconos, y a uno, la verdad, ni eso le apetecía conceder).
2 Hay dos exalcaldes de Pozuelo procesados por toda clase de tropelías, sobre todo urbanísticas. Sin ir más lejos: el tribunal correspondiente ha fallado hace poco que la chaletada que nos construyeron delante de casa, en zona verde, tapándonos las puestas de sol, convirtiendo la ventana de mi despacho en un mirador de casas ricas, es ilegal. Total, completa y absolutamente ilegal. Pero todo se resolverá con una indemnizacioncilla. Canallas.
3 Chiste tan espantosamente malo que tendré que explicarlo: hubo siervos de la gleba [‘Esclavo afecto a una heredad y que no se desligaba de ella al cambiar de dueño’], ahora hay siervos de la bloga, del blog. No sé si tacharlo.  Qué horror.

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  1. Lisabibi
    2011/05/15 en 18:52

    Muchas gracias José Luis, pero no hace falta. Estoy con uno de 55 con el que no tengo que ejercer de mamá. A ver si dura, que eso es lo difícil. En eso estamos.
    Muchas gracias.

    I.

  2. Lisabibi
    2011/05/14 en 23:52

    Desvergüenza, ninguna, nemoutis. Esa definición del amor que acabas de dar me parece acertadísima, y muy bonita además. Y dificil de conseguir, dicho sea de paso. El necio romanticismo sentimentaloide nos la ha secuestrado, efectivamente, cuando en realidad el amor sentimentaloide dura dos días, o dos horas, lo que dura una película. R.L.Stevenson decía que el verdadero cortejo empieza en el altar, no en el noviazgo. Vamos, que es un curro del día a día.
    José Luis: yo también tengo un remedio magnífico contra el paso del tiempo. A mí también me salen novios 20 años más jóvenes. Sin ir más lejos estas navidades en Ginebra, me quiso ligar (diciéndolo por lo fino) un tiarrón guapísimo de 32 añitos.
    Cuándo nemoutis lea esto, le va a dar un ataque de risa. Pues no, no es un farol, es absolutamente cierto, lo que pasa es que a mí ya a estas edades ejercer de mamá, como que no, la verdad. Además, tampoco entiendo bien el fenómeno. Siempre me han gustado los hombres de mi edad, incluso algo mayores. A estas alturas tienen que tener por lo menos 50. Estar con uno demasiado joven me da mal fario y además no estaría a gusto, pero desde luego no deja de ser un consuelo ver que sigues gustando a hombres de edades muy variopintas. Da alegría al cuerpo y al alma y además te ríes mucho. Y la risa es buenísima para la salud. No es que me ría de ellos, lo que me da risa son las situaciones y el no entender nada lo que pasa. Pero pasar, pasa.
    Ramón B.: a mí no me gustan los hombres con corbata, me recuerdan a Francisco Camps, ese tipo tan detestable. Cuándo hablo de ir vestido-a de trapillo, me refiero al mal gusto. La sencillez me parece lo mejor, pero la de verdad, no esa tan rara de la foto de La Gamba.
    ¡Saludos!

    • 2011/05/15 en 12:38

      Enhorabuena, Lisabibi.
      Y la cosa es sencilla, me parece: no ejerzas de mamá y punto.
      JL

      • Ramón Buenaventura
        2011/05/15 en 13:25

        Y a la mano cerrada le llaman puño, sí.

  3. Enrique J.
    2011/05/14 en 22:52

    Coño, la representante de Serbia en Eurovisión!!! 😀

  4. Liu
    2011/05/14 en 18:53

    Si es que hablar inglés es muy malo para la mente, jaja.

  5. Liu
    2011/05/14 en 17:43

    Pero cómo le puede gustar a nadie Twiggy… es el ideal de un pedófilo, de un perverso, de un maníaco sexual, qué sé yo -dejadme pensar, ya se me ocurrirán más barbaridades–, con su carita de bebé, su flequillito de chaval y escuálida como si hubiese salido recientemente de Auschwitz o de algún búnker de la II Guerra Mundial. Esto y la Jane Birkin es lo que en los 60 y 70 tenían los ingleses que oponer a las maggioratas italianas, a una Romy Schneider, a una Brigitte Bardot. Por favooooor.

    • 2011/05/14 en 18:12

      Pues, mira, a mí, sin ir más lejos. ¡Y he tenido que esperar cuarenta años largos para descubrir que soy un pedófilo, un pervertido y un maníaco! Nunca es tarde si la desdicha es buena, parece.

  6. 2011/05/14 en 14:52

    Por cierto, que yo también prefería a Twiggy. Esos arcos superciliares tan altos, de “La Gamba”, nunca me parecieron de fiar: suelen ser característicos de maniáticos y fundamentalistas; de histéricas y de neuróticos.
    JL

  7. 2011/05/14 en 14:42

    Ramón, esa lesión de cadera, irreversible, es para trincar al médico y darle pataditas en los huevos durante un buen rato. O al menos, para una buena querella.
    Claro que no me refería a eso al decir de la cobardía, como tampoco hablaba de mi diabetes (una cosa ya bastante llevadera, gracias a los laboratorios y a sus insulinas; siempre digo que estoy enamorado de la insulina, al punto de que, si pudiese, me la follaría: me da la vida, me permite vivir decentemente). Hablaba de esas falacias que tanto se mientan, lo de la madurez, lo de la experiencia…
    Tengo, sin embargo, un remedio magnífico contra el paso del tiempo: echarse novias guapas y por lo menos una veintena de años más jóvenes que uno (ahí tenemos, además, una cosa muy literaria, eso de la vampirización y otros lugares comunes).
    JL

    • 2011/05/14 en 18:09

      Sí, José Luis, a eso mismo me refería yo: a esos consuelos por la vejez que sistemáticamente recibe uno de personas que aún están lejos de ella y ni siquiera alcanzan a concebirla; consistentes, por lo general, en temerarias afirmaciones del tipo «lo que cuenta es lo joven que seas por dentro», como si a fuerza de espíritu se recuperaran las vértebras y los músculos y las articulaciones y las neuronas pochas y la capacidad de movimiento y, en menos palabras, la capacidad de acción.
      En cuanto a la novia guapa veinte años más joven… Mi mujer es muy guapa y solo trece años más joven, lo cual, afortunadamente, excluye la vampirización. Literaturas aparte. 🙂 Pero eso es otra historia, porque, en realidad, en una pareja cuenta más la aceptación plena de la vida común, su buen reparto, la reciprocidad. No recuerdo que nadie lo haya dicho nunca, pero ahí está, me parece, la clave del amor.
      Y fíjate con qué desvergüenza utilizo la palabra amor, que tan secuestrada nos tiene el necio romanticismo sentimentaloide.

  8. 2011/05/14 en 10:40

    ¿La experiencia que dan los años? ¿La madurez?
    Eso es pura cobardía.
    “La gamba” es una excrecencia de lo que fue, como todos nosotros a medida que nos hacemos cobardes acumulando experiencia y madurando a base de años.
    El resto, literatura pútrida.
    JL

    • Ramón Buenaventura
      2011/05/14 en 12:21

      Me temo, José Luis, que el deterioro físico no procede de la cobardía que padezca cada individuo, sino más bien de su genética y del tratamiento anterior que haya dado a su cuerpo, y desde luego de la suerte (porque, claro, por ejemplo, sin ir más lejos, y no es por llamar la atención a mi caso concreto, claro: si viene un imbécil y te pone una prótesis de cadera y te rebana un nervio y te deja medio cojo, sin cura posible, ya me contarás de qué va a servirte el valor)… Por otra parte, llamarnos excrecencias a los ancianos no es el mejor modo de granjearse amigos entre la última edad (lo de tercera parece que promete una cuarta; y no); pero es realista. Somos restos de lo que fuimos, mientras dura. Mi tía Mavy, que cumplió 91 hace unos días y que vive en condición de extrema incomodidad, por su problemas físicos, me decía hace poco: «Sí, todo fatal, pero a mí es que me apetece seguir por aquí». Es lo que pasa: que nos apetece seguir por aquí, a pesar de los pesares. De otro modo, siempre queda la vía que acaba de utilizar Günter Sachs.

  9. Lisabibi
    2011/05/14 en 08:05

    Ramón tiene razón, María. LOs años dan cosas buenas indiscutiblemente, experiencia, madurez, y se ha vivido más y se han leído más libros. Pero la belleza se pierde. Se puede ganar en atractivo, pero solo los que ya de jóvenes lo eran. Se pierden también más cosas, como la vitalidad, esas cosas de estar de juerga 3 noches seguidas. Ya el cuerpo no da de sí para tales excesos. Y también se pierden algunas ilusiones. No se puede hacer lo mismo a los 20 que a los 60, y eso da añoranzas, sobre todo si eres vital de mente. A mí me gustaría hacer parapente, por poner un ejemplo, y también snowboard, pero a mi edad me parece imposible acometer tales azañas. En cuanto a “La gamba”, la verdad es que no está muy mal para la edad que tiene, pero parece que la han vestido sus enemigos. A los 68 no se puede ir vestida de 20, sencillamente, porque no favorece. Al menos que compense su edad con ir más elegantita, que dinero seguro que no le faltará. Estaría mucho más mona y agraciada con ropa y peinado distintos.
    Por otro lado, claro que Ramón B. ha puesto suyas actuales, y si no, mira los posts.
    Por cierto, sale con el pelo y la barba amarillas, toda la foto ha salido amarillenta, y sin embargo la ha puesto.
    En cuánto a “La gamba”, de joven era guapísima, como se puede apreciar, pero ahora da penita verla, sobre todo porque se la ve descuidada. Parece que ha cogido ropa vieja del armario y hala, va vestida horrorosa.
    Y que conste, María, que esto lo aplico también a los hombres. Envejecer con dignidad es también entre otras cosas, vestirse de forma adecuada a la edad que uno tiene, y no ir de trapillo..
    ¡Saludos!

    • Ramón Buenaventura
      2011/05/14 en 12:31

      ¡Lo del pelo amarillo era una broma, Lisabibi, no un ejercicio de humildad! La verdad es que no hay muchas fotos mías de los buenos tiempos que estén digitalizadas y, por consiguiente, que pueda mostrar en la Red. De los peores hay todas las que quieras, claro, porque a partir de EL AÑO QUE VIENE EN TÁNGER me han fotografiado bastante. De todas formas, te haré una confesión: no soy de los que han ido concentrándose, con los años, en la veneracion de la juventud, sino de los que amplían el alcance de su atención sexual hasta edades que siempre le resultaron indiferentes. No sé si el fenómeno será general.
      Y confieso que yo siempre voy de trapillo: ni siquiera tengo una corbata en el armario, ya. 🙂

  10. María
    2011/05/13 en 21:59

    Estimado Ramón. No estoy de acuerdo con tu definición de belleza. Es curioso la poca importancia que damos a veces a lo que decimos, sobre todo a comentarios banales que sin querer, devienen en polémicos porque alguien, en este caso, una desconocida de internet que tiene acceso a tu blog, le da por sacar punta. Tu comentario sobre la exmodelo me ha parecido despectivo, y a lo que tu llamas agresividad, yo le llamo contundencia. En cuanto a lo del anonimato que me da ventaja, tiene fácil solución. Si deseas saber quién soy, sólo tienes que decírmelo y te enviaré mi curriculum con mucho gusto.Un saludo.

  11. Liu
    2011/05/13 en 16:02

    María, qué bien se patina por aquí, verdad. Mucho me temo que Ramón se refiere a los estragos de la edad más allá del botox.

    • María
      2011/05/13 en 17:19

      Liu,qué suerte tienen algunos de tener intérprete, o no. A lo que se refiere Ramón queda muy claro, la vejez no tiene nada de bueno, con lo que estoy casi segura de no disentir el día que tenga su edad,aunque en ningún momento habla de estragos,ese término lo usas tú interpretando su pensamiento. Si lees mis tres comentarios mas pausadamente,te darás cuenta que de que no patino por estos lares sino que ejerzo mi pensamiento crítico y libre, cuando veo o leo algo que no me gusta. Nadie es dueño de sus palabras una vez que las profiere. Así que….

    • Ramón Buenaventura
      2011/05/13 en 17:55

      Huy, qué agresividad.
      No tengo la impresión de haber escrito nada, en este post, que ni remotamente guarde relación alguna con las reflexiones de esta persona que firma María [quien, como de costumbre en internet, juega con la ventaja de que yo no sé nada de ella y ella sabe algo de mí]; reflexiones sobre las que no tengo nada que decir que no haya dicho antes quince o veinte veces en sitios diversos, incluido este mismo blog: «belleza es haber sido bella». De modo que, perdóneme usted, señor, señora o señorita, pero lo único que puedo hacer es darle la razón en todo. Saludos.

  12. María
    2011/05/13 en 14:10

    Y además, si quieres hablar de lo fea que es la vejez, pon fotos tuyas . Si tanto coraje te dá,ponte tú como modelo.

  13. María
    2011/05/13 en 14:06

    Aparte, con vosotros una nunca se aclara. Si te haces botox y cirugía, hay que ver que ya no es la misma, que hay que envejecer con dignidad, etcetc. Si envejeces con dignidad y no te haces nada, hay qué ver con lo guapa que era y ahora que vieja y qué pena. A ver si a ti te gustaría que alguien te menospreciara por ser viejo, poniendo tu foto de jovencito al lado de una actual, con ropita de andar por casa y yendo por la calle tranquilamente sin saber que un capullo te está haciendo una foto para colgarla luego en internet y sacar las 500 diferencias entre el jovencito Ramón y el viejo Ramón. Claro que siendo escritor y varón, a quién le va importar hacerte esa clase de fotos. Aparecerás, mas bien, en el sillón de tu despacho rodeado de libros, y con un pie de foto haciendo alusión a tu larga y dilatada carrera .

  14. María
    2011/05/13 en 13:48

    No estoy para nada de acuerdo contigo. La verdad es la belleza pero la belleza no es la verdad. La juventud no es un valor en sí misma.No entiendo la manía de tanta gente de apenarse de las mujeres que en su día fueron jóvenes y bellas y que han llegado a la ancianidad con los atributos propios de la edad. Pocas veces que leído o oído comentarios semejantes de honmbres que en su día fueron jóvenes y bellos y que a los 80 lucen arrugas, calvicie y demás. Pues la tal dama que da lugar a este comentario ha pasado por muchas etapas en su vida y si, es vieja y qué??

  15. Liu
    2011/05/13 en 13:37

    Siervos de la globa, jaja. El que es culto es culto, y ése es un defecto como otro cualquiera, no muy rentable pero llevadero.

    • 2011/05/14 en 00:36

      No, la verdad es que el chiste me quedó fatal, porque recordé mal la palabra «gleba». La cultura, que siempre es poca, comparada con lo que podría ser, nunca puede resultar rentable, teniendo en cuenta la enorme inversión en tiempo y dinero que supone adquirirla; pero también —en la, insisto, limitada medida en que uno la posee— es una fuente de placer comparable a las más gozosas. Abrazo.

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