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Pánfilo servidor de ustedes

2011/05/06

tardus gravitate senili
OVIDIO

No había observado yo, hasta ahora, que la panfilia1 fuese característica de la vejez. Al contrario: son famosos los ancianos cascarrabias, malhumorados, que protestan por todo, que nada hallan de su gusto. A mí, en cambio, a los setenta y uno casi cumplidos, parece que todo me encanta, últimamente (todo menos un todo, quiero decir: el todo políticosocial no puede encantarles más que a los cleptócratas imperantes). El caso es que leo un libro y me parece estupendo, veo una película y me parece estupenda, oigo una música y me parece estupenda. Y encuentro muy sospechosa mi actitud (sospechosa de blandura senil, claro). En cuanto a los libros, tengo pocas dudas de haberlos leído buenos últimamente. Ahora mismo estoy en relectura de The City and the Stars, de Arthur C. Clarke, que leí en mis tiempos de afición intensa a la ciencia ficción y que me pareció entonces una novela magnífica. Ahora llevo unas cuantas páginas y el texto me está resultando un pelín cursilírico. Nadie escribe así, hoy en día, y, claro, la actualidad condiciona el gusto…
     Pero me preocupa más el cine. Ayer vi Lie With Me (
Clément Virgo, 2005). Y me pareció Lie With Me (Small)estupenda, pero no crean que admití fácilmente mi criterio. Husmeé por internet. La crítica más autorizada o autoritaria la pone a caer de un burro. Especialmente la española (miren aquí). Parece que ha pesado mucho el contenido sexual de la película (rayano en el porno blando, a ratos), que más de uno reduce a la mera historia de una ninfómana incapaz de distinguir entre un buen caliqueño y un amor sublime. No noté yo tal cosa. Lo que vi fue un choque de incompetencias e inmadureces entre un hombre y una mujer. Me pasé la película preguntándome qué pensaría una mujer de ese relato, de la protagonista, de su ansia nerviosa ante los hombres, de su modo de sufrir. Tenía la impresión de estar asistiendo a la proyección cinematográfica de una fantasía masculina2. Luego, sin embargo, pude comprobar que el guión de Virgo está basado en una novela de Tamara Berger, es decir de una mujer. Curioso. Es tema que me interesa desde hace años, porque prácticamente todos los personajes femeninos de la historia de la literatura son creación de hombres, y los hombres, normalmente, no tenemos ni idea de qué es una mujer. Cuando aún nos sentimos guerreros, nuestra mujer ideal podría ser la Justine del Alexandria Quartet o la Maga de Rayuela (que, seguramente, nos habrían hecho correr de espanto, en busca de mamá, a las pocas semanas de haberlas conocido). Yo mismo he incurrido en un personaje de esa variedad, con la Carmen de Ejemplo de la dueña tornadiza / El corazón antiguo. Me temo, sin embargo, que estas mujeres no existen. Ni Madame Bovary, ni Ofelia, ni tantas otras invenciones. Existe… qué les diría yo: existe Melibea, existe Julieta (pero no piensen que me refiero a su teórico sentimentalismo: relean las obras que protagonizan, y verán qué no, que no son sentimentales). ¿Existe la Leila de Lie With Me?  Me gustaría saberlo3.
     E insisto: a mí la película me pareció muy buena y muy interesante de ver, y me alegró un poco las pajarillas. Excelentemente filmada, con dos actores principales (Lauren Lee Smith y Eric Balfour) muy osados y muy creíbles4; con un final tan pánfilo como yo —me temo—, aunque, a fin de cuentas, el final no es más que un elemento de estrategia comercial, en los relatos. No hay más final que la muerte.
    Ya ven ustedes: pánfilo perdido, pero macabro.

1 Utilizo panfilia en el sentido etimológico que tendría la palabra, si existiese: amor indiscriminado a todo lo que se ve, se siente, se vive. De ahí viene pánfilo, claro, que ahora significa bobalicón, tardo en obrar, según el DRAE.
2 La fantasía consistente en conocer a una mujer muy mala y muy pecadora y muy lasciva y desde luego muy incontrolable, y controlarla, trocándola en mansa criatura que nos adora y nos mima (para a continuación hacerle la vida imposible por los celos que nos provoca su anterior hoja de servicios). Hay un momento de la película muy revelador a este respecto. El chico, antes de dejarse excitar, en una secuencia clave, le pregunta a la chica: «¿Alguna vez te han dado por el culo mientras se la chupabas a otro?». Ella le contesta que sí, no se consta si burlándose o diciendo la verdad… Sé, sin embargo, por lo que me contaron cuando anduve preguntándoles a mis amigas para confeccionar el capítulo de fantasías sexuales femeninas en El año que viene en Tánger, que esta variedad del ménage à trois es lucubración no infrecuente, incluso en señoras o señoritas teóricamente modosísimas. Dicho de otro modo: equivoqué el diagnóstico mientras veía la película.
3 Aclaro que he visto yo solo la película, sin mi mujer, que en este momento anda por Hannover, en casa de sus padres. Lo cual me ha impedido tratar el asunto con ella.
4 Aunque, como casi siempre en el cine, quizá demasiado bellos. La belleza es un factor de distancia en las películas, porque en ellas nada sucede entre personas corrientes y molientes (a veces sí, en las europeas). Pero marquemos una reserva: este canon hollywoodiense de belleza está modificando la realidad; la gente cada vez es más guapa, en la vida real, hasta en esos pueblos donde antes era tan feísima; para no dejar mal al cine. Eso salimos ganando, supongo.

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  1. rafael
    2011/05/08 en 12:24

    Sí que es verdad eso de que la gente está más guapa ahora que entonces incluso en las españas profundas. Aunque, por lo general, y para que no falte el toque español, siempre tiene un toque, más que al cine, a la TV local, que por desgracia es de ma gusto. Y así, esa mezcla entre belleza copiada y el mal gusto espontáneo de una belén esteban de pueblo o un ganador de gran hermano, me dan a mí la impresión, cuando paso por esos pueblos o ciudades, que estoy en una versión “coloreada” de Bienvenido Mister Marshall, o de Placido.
    Lástima que ya Berlanga le pillara mayor, y por desgracia ya no está, para darnos su versión cinematográfica de la nuestra escopeta nacional contemporánea. ¿O sera Torrente quien nos la da?.
    ¡Ay!, Santiago Segura como heredero de Berlanga. Qué triste conclusión a la que acabo de llegar yo solito. Mejor me acuesto.

    Saludos.

    • Ramón Buenaventura
      2011/05/08 en 12:51

      Pues, hombre, sí: para comparar a Santiago Segura con Berlanga, mejor te acuestas. 🙂 [Segura queda definido en el nombre que escogió para un restaurante que por lo que me dicen tienen en Madrid: MiNabo. ¿Se puede ser más gracioso y original? El belenestebanismo solo tiene una diosa, pero Segura es su profeta.]

  2. Lisabibi
    2011/05/06 en 19:48

    Tema complicadillo, lo de la ninfomanía. Yo, que soy mujer, no creo en ella. Todavía recuerdo a un caballerete de 50 años, que por cierto, estaba de muy buen ver, requetecasadísimo, y que me contó que tenía una amante de 23 añitos que tenía hasta 100 orgasmos por noche. Yo, por dentro, muerta de la risa y pensando que solo un capullo podía creerse semejante cosa. Me puedo creer que se tengan unos cuántos seguidos (con pequeños intervalos de tiempo), pero ¿cien? Si fueran orgasmos de verdad, o sea, completos y bien rematados, a la susodicha tendrían que llevarla en parihuelas a la UVI. Eso que se llama ninfomanía, en realidad hay que aplicarlo a mujeres que no logran llegar hasta el final del orgasmo, y por consiguiente se quedan insatisfechas y excitadísimas, y por eso no paran. Es algo dificilillo de explicar, pero es que la sexualidad femenina es bastante compleja. O eso, o es que van de femmes fatales por la vida, pero luego ná de ná. En realidad, pienso que sí, que sufren bastante. No sé si he aclarado el tema algo, pero por lo menos lo he intentado. Y luego hay un tema que sí he observado. Cuándo las mujeres escritoras tocan el tema es para aumentar más aún el tema de la mantis religiosa. No me las creo. Y en cambio me pareció terriblemente sorprendente que fuese un hombre el que en mi opinión ha descrito mejor que nadie el tema de la sexualidad femenina: D.H.Lawrence, en “El amante de Lady Chatterley”. Realmente sorprendente.

    • Ramón Buenaventura
      2011/05/08 en 00:15

      No siendo, como no somos, especialistas en el tema de la sexualidad, ni masculina ni femenina, lo innegable es que ninguno tenemos una muestra lo suficientemente amplia como para estar seguros de nada en ese terreno. Yo no he conocido ninfómanas y no creo en su existencia, pero otros y otras tienen experiencias diferentes. Luego está, claro, lo que cada cual considere adecuado o normal o inadecuado o excesivo, que varía enormemente… Lo que no creo es que la insatisfacción lleve a buscar sexo a todas horas. Si así fuera, el mundo estaría lleno de bacantes desatadas. Y no. 🙂

  3. Enrique J.
    2011/05/06 en 13:29

    Pues a mí me parece algo estupendo eso de que a uno le parezca todo estupendo. Ver malas películas, leer malos libros o escuchar mala música no tiene mucho disfrute y, al final, con la muerte, me refiero, al borde de ella, si la visión de lo que hay delante (o no hay delante, más bien) te permite pensar en lo que hubo detrás seguro que se prefiere haber estupendeado lo más posible. Claro que, visto así, a lo mejor es por eso… ¡Reateismo, espero que estupendear no sea un síntoma de la parca porque si lo es estamos jodidos los dos! :-/

    Puedes aprovechar y ver de nuevo la película de Cisne Negro o leer libros que no te gustaron, así, a lo mejor, el primer esfuerzo se puede conmutar en tiempo de estupendio.

    ¿Y, me pregunto, quién sería el primer Rodríguez?

    • 2011/05/06 en 13:37

      Sí, pero nunca he sido muy de releer, ni de volver a ver películas ya vistas. Quizá eso también esté cambiándolo la vejez…
      La verdad es que no sé de cuándo data lo de los rodríguez, pero lo situaría en los años cuarenta. No sé quién sería el primero. Alguien que, desde luego, no se llamaba Rodríguez.

      • Enrique J.
        2011/05/06 en 13:49

        Entonces, no sé si estoy siendo impertinente, para qué necesitas la biblioteca que adorna el fondo de tus fotos blogeras.

        • Ramón Buenaventura
          2011/05/06 en 17:39

          Hombre, son casi todos libros de consulta, que tampoco utilizo mucho, porque ahora, con internet…
          Lo de guardar los libros, aunque los haya leído uno y no tenga intención de releerlos, digo yo que es vieja costumbre. Aunque lo cierto es que pasada cierta cantidad los almacenamientos se hacen casi completamente inútiles, porque no hay quién encuentre nada.

  4. Anuska
    2011/05/06 en 13:00

    Hola Ramón! Pues mira qué bien que te mole todo, oyes! Una pregunta te tengo y no es de la peli: el libro que estás leyendo de Clarke supongo que lo estarás haciendo en inglés original. Es que, curiosamente, lo he leído no hace mucho, pero las ediciones a la par de antiguas, tenían unas traducciones taaaaaaaaan horripilantes, que aunque el libro me gustó (que soy yo muy cienciaficcionera) me distrajo tanto la forma que al final no sabría decir si coincido contigo en lo cursilírico… Acabo de leer otro que me ha parecido muy muy entretenido. Un par más bien. Lo que pasa que, jolines con las editoriales, qué poco cuidan la calidad, se comen conjunciones, letras tal cual, equivocan nombres, y te cascan 20 euros por tamaños despropósitos. Hala qué ladrillo!!! Es que necesitaba desahogo. Gracias!!!!! Un abrazoso!!!!!

    • 2011/05/06 en 13:41

      Sí, la verdad es que solo leo traducidos los libros que están en idiomas para mí inaccesibles; pero me consta que tienes razón, que el descuido de las editoriales en este campo, sobre todo en la literatura de género, es enorme. Hay en ello algo de estafa, sin duda. Hace muchos años, cuando llevaba la sección literaria de CINCO DÍAS, denuncié varios casos sangrantes. Sin éxito alguno, evidentemente. Abrazo.

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