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Anécdota desmemoriada

2011/01/07

Leímos hace poco más de una semana, Angelika y yo —ella en el iPad, yo en el Kindle—, una novela 6a00d834518cc969e20134834d1ad5970c-800winorteamericana que nos pareció muy bien y que comentamos bastante entre nosotros. Esta mañana, en la charla desayunera, ninguno de los dos lograba recordar el título del libro, ni los personajes, ni la acción. Me vino a mí primero el nombre de la autora: Jennifer Egan. Luego The Visit from the Goon Squad. No el asunto.
     Tiré de lo que tenía más a mano, es decir el iPad, y abrí el libro. Leí unas líneas del comienzo. Nada. Pasé el aparato a Angelika, que recorrió unas páginas y, al fin, pudo contar más o menos de qué iba la cosa.
     Quizá convenga aclarar que inmediatamente después de The Visist nos metimos en una novela parecida en cuanto a la cobertura temporal y los personajes (Anthropology of an American imagesGirl, de Hilary Thayer Hamann), que Angelika lleva por el 45% de sus seiscientas y pico páginas y yo terminé anteayer. (Ahora ya estoy con las Cartas a los Jonquières, de Julio Cortázar: otro tocho, pero esta vez en formato antiguo; y qué delicia; no el formato, que me da casi igual: el contenido.) (Volveremos sobre Cortázar, claro; yo siempre vuelvo sobre Cortázar, desde hace cuarenta años ya.)
     La pregunta inquietante es: ¿se debe esta cancelación temporal de la memoria al hecho de haber leído The Visit from the Goon Squad en formato digital, o nos habríamos olvidado lo mismo si la hubiéramos consumido en forma de papel y tinta?
Yo más bien me inclino por lo segundo, pero ¿tiene alguien alguna experiencia al respecto?

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  1. piako
    2011/01/11 en 11:47

    Gracias por las recomendaciones. El catalogador que yo uso es Data Crow
    http://datacrow.net/index.html

    • 2011/01/11 en 14:12

      Sí, recuerdo haber utilizado el DataCrow y tengo en el disco duro un archivo antiguo de instalación, pero veo que acaba de salir una nueva versión. La verdad es que no tengo paciencia para ir metiendo los datos. Y, además, todo se encuentra tan fácilmente, aunque no esté clasificado.

  2. 2011/01/10 en 10:32

    A mí me pasa mucho que recuerdo perfectamente la sensación de agrado de haber leido un libro sin recordar en absoluto el contenido. Es más, recuerdo libros por determinadas situaciones que más tarde, al releerlos no encontré o pasé por alto en esa segunda lectura. Curiosa, la mente.

    • 2011/01/10 en 10:54

      Ya. Supongo que no hay a quien no le pase esto. También con el cine. Son tantas películas y tantos libros amontonados en la cabeza, sin un buen software que los catalogue y etiquete… Ello tiene la ventaja de permitirnos la repetición de lectura, suponiendo que apetezca (casi nunca, a mí, la verdad: me acucian los libros que tengo haciendo cola), y la desventaja de estarse preguntando constantemente para qué diablos leo (o me molesto en hacer lo que sea) si en cuanto pase un tiempito no me voy a acordar de nada… Aunque sí, sí: la sensación sobrevive.
      Muy cierto también que suelen quedarnos falsos recuerdos que luego resultan imposibles de localizar en el texto, sencillamente porque no están, o los hemos modificado tanto que no los reconocemos en su forma original. El otro día, volviendo a ver Blow Up tras muchísimos años, resultó que la mitad de las secuencias las tenía manipuladas en la memoria (y de la otra mitad no conservaba ni un barrunto de recuerdo). Qué gran película, de todos modos. Saludos.

  3. Piaco
    2011/01/08 en 17:30

    Hablando sobre la desmemoria de lo que hemos vivido, leído o imaginado, me gustaría saber si has visto la película Mr Nobody. Un pelón pretenciosa, parece una fritanga de videoclips pero te deja un regusto de extraña melancolía.

    • 2011/01/08 en 23:55

      No sabría decir si la he visto o no. Por la sinopsis que acabo de leer, creo que sí; pero no me encuentro ninguna huella de valoración o impresión siquiera en la memoria. Lo siento.

  4. jesus
    2011/01/07 en 22:27

    ¿En el Kindle se pueden leer e-books que no sean de Amazon? Muchas gracias si alguien puede contestarme.

    • 2011/01/08 en 00:06

      En Kindle pueden leerse los formatos PDF, TXT, MOBI y PRC. De hecho, para lo que más lo utilizo es para leer los muchos artículos que me bajo de la Red en PDF.
      Cuando compras un libro electrónico en Kindle también te lo puedes bajar al iPad, donde se leer perfectamente (mejor incluso que en el Kindle). De ahí que mi mujer y yo podamos leer los libros al mismo tiempo, como digo en la entrada de hoy. 🙂

    • 2011/01/08 en 00:09

      Llevo unos cuantos libros leídos en Kindle y iPad, y casi me atrevo a garantizarte que la propensión al olvido es la misma que en el libro impreso. Como bien sugiere José Luis Moreno-Ruiz en su comentario de más arriba, no son pocas las veces en que nos olvidamos completamente no ya de lo que hemos leído, sino también de lo que hemos vivido. Lo cual no quiere decir que no nos quede la impronta.

      • jesus
        2011/01/08 en 00:31

        Muchas gracias, señor Buenaventura.
        Tenia entendido que en un Kindle SOLO se podian leer los libros comprados a traves de Amazon.
        Acabo de iniciarme en el mundo del libro electronico (no, los RRMM no me han traido un Kindle) y ando un poco perdido.

  5. María
    2011/01/07 en 13:43

    La verdad, es sintómático. Vuelve a repetir la experiencia con otra novela.

  6. José Luis Moreno-Ruiz
    2011/01/07 en 13:00

    Recuerdo que Borges, en su prólogo para aquella edición de Siruela, “El espejo de humo y otros cuentos”, de Papini, escribió que muchas veces no era capaz de recordar una trama, un personaje, nada, en fin, de los cuentos de Papini, y no obstante en ocasiones le llegaban sensaciones que reconocía inequívocamente como debidas a esos cuentos.
    Me consuela pensar en eso cuando me asaltan esos fallos de memoria de los que aquí se habla. Siempre y cuando se trate de libros que me atraparon, claro. Es un placer descolgarlos entonces de la red neuronal, a veces tan jodida con sus urdimbres.
    JL

  7. Enrique J.
    2011/01/07 en 12:19

    Yo soy incapaz de estudiar determinada documentación en la pantalla del ordenador y debo imprimirla para enterarme de algo. Es como si esa información, leída en la pantalla, tuviese otra categoría y mi cerebro no le diera demasiada importancia.

    • 2011/01/07 en 12:31

      Cierto, pero en ello influyen poderosamente la costumbre y el tamaño de la pantalla. Yo estuve años imprimiendo todos los textos antes de enviarlos para publicación, porque no me fiaba de los repasos en pantalla. Ahora, con dos monitores, uno de 24 y otro de 22 (en vertical), la verdad es que puedo fiarme de los repasos incluso más que ante el papel. Y leo sin cansancio alguno.

  8. 2011/01/07 en 12:05

    A mí me ha pasado; no con el contenido pero sí con el título e incluso con el nombre del autor. Me pasa con libros en papel, cuando los leo rápido y es el primer libro que leo de ese escritor. Por lo común, claro está, son libros que no dejan huella… 😉
    En todo caso, creo que hay un elemento importante que diferencia la lectura electrónica de la otra, para recordar nombre del autor y título del libro. Las portadas de un ebook no se ven, están ocultas dentro del aparato. En cambio, al pasear por mi casa veo en los lomos de los libros nombres y autores, de modo que recorrer el pasillo es hacer un repaso, por ejemplo, por narrativa española; mirar una esquina del salón es contemplar un canon de literatura estadounidense, y mirar la otra esquina puede ser una forma de antologar poesía alemana y francesa. Esto se pierde un poco en el libro digital, a menos que abras tu carpeta de archivos digitales.
    Pero en lo tocante al contenido no creo que los libros se olviden más por estar en uno u otro formato: en realidad, y supongo que ti también te pasará, hay libros que ya no recuerdo si he leído en tomo o en ebook. Lo que importa, como bien dices, es la literatura que contienen.
    Un abrazo, Ramón.

    • 2011/01/07 en 12:33

      Sí, el valor recordatorio de la presencia física de los libros es muy grande, y de él carecen por completo los electrónicos. Habrá que hacerse chuletas, o poner ficticios en las estanterías. 🙂

  1. 2011/01/09 en 09:11
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