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Helénica

2010/12/22

[Esta es la típica entrada que nadie me lee ni comenta. Pero me ha gustado escribirla, o sea que allá ustedes.]

Façons tragiques de tuer une femme (Maneras trágicas de matar a una mujer)Pointing up es uno de los libros con cuya traducción he disfrutadoPointing upPointing up; y, junto a Preface to PlatoPointing upPointing upPointing up, el libro con cuya traducción más he lorauxaprendidoPointing upPointing upPointing upPointing up. No llegué a conocer a Nicole Loraux, su autora, que murió en 2003, a los sesenta años sin cumplir, pero siempre la tuve en la corta y (ahora, con la vejez) creciente lista de personas a quienes debo aportaciones importantes a mi vida o mis entendederas. Maneras trágicas de matar a una mujer es un ensayo —demasiado breve, para mi gusto— sobre el modo en que los autores trágicos griegos reflejaban en sus obras la necesidad ineludible de matar a toda mujer que no se someta a las normas sociales de la masculinidad. De ahí me vino, por ejemplo, mi amor por Políxena, la más joven de las cincuenta hijas de Príamo, novia de Aquileo, quizá; cómplice de su ejecución, quizá; sacrificada por Neoptólemo, hijo de Aquileo, en cruel venganza.

jacqueline-de-romilly_0Y ahora resulta que se me ha muerto, también, a los noventa y siete años, Jacqueline de Romilly, la otra mujer que me afirmó en mi orgullo por el amor a Grecia y, sobre todo, a su lengua. Estaba leyendo uno de sus últimos librosPointing upPointing upPointing upPointing upPointing up cuando me llegó la noticia. Me sentí más huérfano. Los viejos nos quedamos sin padres, sin maestros, y nos hacemos cada vez más conscientes de nuestro desamparo. En aguaite, naturalmente, de ser nosotros quienes dejemos huérfanos a los siguientes. Nada especialmente simpático. Quienes escriben, al menos, dejan sus libros.

Romilly era mucho más ingenua, mucho más entusiasta y, tal vez, bastante menos académica que Loraux; pero ambas poseían mundos de sabia belleza y sabían transmitirlos.

[También murió recientemente, el 13 de este mismo mes, a los noventa y tres años, quien fue mi imagesprofesor de griego en el Instituto Politécnico Español de Tánger, don Valentín García Yebra. Nunca lo tuve en mucho aprecio, porque la aplicación de sus normas de colegio español de curas (las chicas por un lado, los chicos por otro, por ejemplo) a nuestro libre instituto de Tánger me quitó casi todo el placer de ir a clase; pero tampoco he dejado nunca de reconocerle que fue un profesor excelente y que le debo todo el poco griego clásico que pude aprender. Casi todo. Acabo de recordar que más adelante dediqué no poco tiempo al repaso y mejora de lo sabido. Qué más da. Descanse en paz, él que creía con dura fe en el descanso eterno.]

Pointing up Versión española en Antonio Machado Libros, Madrid, 1989.
Pointing upPointing up Otros: Kurt Vonnegut, Birlibirloque; Nicholson Baker, Vox; Anthony Burgess, Ya viviste lo tuyo; Eric A. Havelock, Prefacio a Platón; Philip Roth, Operación Shylock; Don DeLillo,
Punto Omega.
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Pointing up Versión española en Antonio Machado Libros, Madrid, 1994.
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Pointing upPointing up Otros: René Gendarme, La pobreza de las naciones (no disponible); Frank Lentricchia, Después de la nueva crítica; Philip Roth, Hablando del oficio.
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Pointing upPointing up Petites leçons sur le grec ancien, avec Monique Trédé-Boulmer, Stock, 2008 ; LGF, 2010, poche, 148 p. (ISBN 2-2531-2912-7 et 978-2-2531-2912-7).

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  1. Jovanka
    2010/12/23 en 23:08

    Pues yo sabía poco de Loraux y nada de De Emilly. Buscaré. Mis condolencias.

    • 2010/12/24 en 00:03

      Son personas muy distintas, Jovanka. Loraux estaba más interesada en el papel de las mujeres dentro de la sociedad helénica y era una persona más bien progresista, por no decir de izquierdas. Romilly, judia de origen, era sin embargo mucho más conservadora y, desde luego, mucho más clásica en sus planteamientos. De hecho, Loraux no tenía un pelo de ingenua, me parece a mí, y Romilly daba la impresión de creer en los milagros de la pura belleza. En fin. Dos señoras importantes, sin duda.

  2. Alvaro Martinez de la Vega
    2010/12/22 en 20:52

    Pues me ha parecido muy interesante, gracias una vez más. Lástima que no sea fácil encontrar esa novela de vonnegut, buscaré el libro de N. Loraux a ver si ese lo encuentro; un enamorado de Antígona no puede dejar pasar algo así…

  3. 2010/12/22 en 16:04

    No sabía nada de la vida de Valentín García Yebra a pesar de haber sido una presencia constante en mi vida como lector de Aristóteles, ¿quién no tiene su edición trilingüe de la Metafísica? Ahora que leo su artículo me resulta extraño ponerle una cara, unas creencias y una “metodología didáctica” peculiar.

    En seguida me he lanzado a mi librería virtual a por esas Maneras trágicas y esos libros de los que más ha disfrutado o aprendido. Por desgracia, Birlibirloque y Vox están sin existencias. Soy muy aficionado a Vonnegut. Para estas Navidades tengo su Mire al pajarito editado por Sexto Piso. A Nicholson Baker no lo conocía así que probaré con Temperatura ambiente. De Philip Roth siempre me han dado pánico esas novelas gigantescas, así que Operación Shylock me ha parecido un buen comienzo. El otro libro de Roth aparece con el título “El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras”. En cuanto al Prefacio a Platón ¿quién puede resistirse a reflexionar sobre ese maravilloso libro X de la República?

    Muchas gracias por compartir.

    Saludos de un lector voraz que aprecia y agradece enormemente su sensibilidad literaria.

    • 2010/12/22 en 18:29

      No, vamos a ver, Eugenio, seamos justos: la metodología didáctica de García Yebra era normal y corriente; explicaba el griego como se explicaba entonces el latín, a base de análisis sintácticos, sobre todo, haciendo que nos aprendiéramos de memoria listas enteras de palabras y poniéndonos traducciones de textos diversos, en dificultad creciente. Era metódico y duro, pero llevadero. Lo que a mí me hizo detestarlo fue que nada más hacerse cargo de la dirección del Instituto nos impuso normas inadmisibles. Andar en fila india por los pasillos, pegados a las paredes, los chicos a un lado, las chicas a otro. Fijar zonas distintas de recreo para los chicos y las chicas. Separarnos en clase, por supuesto. Yo tenía catorce, quince, dieciséis años y no soportaba su tiranía. No respeté la prohibición de acompañar a las chicas a sus casas. Me acosaron. Me denunciaron a mis padres. Me transmitieron toda clase de amenazas. Me castigaron, sobre todo el día en que me pillaron leyendo a Nietzsche en la biblioteca. Al final no pasó nada, claro, porque nunca pasa nada en las tiranías. Aún tuvimos un momento de cierta intimidad, yo con el PreU ya aprobado, cuando me preguntó que qué iba a estudiar y le dije que Derecho y me contestó: «Y ¿qué vas a hacer tú estudiando algo que no tiene nada que ver con la literatura?»… La elección era cosa de mi padre, claro. O tempora.
      Temperatura ambiente es uno de los mejores libros de Nicholson, creo que el primero, el que lo hizo todo lo famoso que puede ser un escritor tan literario y tan rarito. Ahora mismo, recién salido, tiene usted El antólogo, de lectura interesantísima para cualquier mordido de las letras. El Prefacio a Platón no debería resistirse a un lector de Aristóteles. Con él llevé a cabo, creo, el mayor esfuerzo traductor de mi vida. Su lectura me parece indispensable para comprender la creación poética.
      Saludos y muchas gracias por su confianza en un criterio tan ligero y caprichoso como el mío.

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