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DeLillo con Ferré

2010/12/19

Juan Francisco Ferré ha leído mucho DeLillo y se lo sabe y lo explica con rotunda claridad. Yo he leído menos DeLillo, sin duda (no sé ahora cuantos: ¿seis o siete, ocho o diez?), sufro tendencia a olvidar lo que leoPointing up y mi propensión al análisis —sobre todo si tengo que escribirlo, qué pereza— es leve e 47060_1_Puntoomegaokinestable. Creo, por ejemplo, que Punto Omega (recién publicada en español por Seix Barral, traducida por éste de aquí) es, sobre todo, una novela magistral para lectores magistrales; y también para escritores con ganas de aprender a escribir o de remejerse las entendederas con otras posibles maneras de escribir; pero no sé qué más decir de ella. Sé, por mis años de contactos con alumnos universitarios, que en realidad solo sirvo para transmitir el entusiasmo (positivo o negativo) e incluso contagiarlo, a veces; conmigo, sin embargo, no se puede preparar un examen de análisis literario. Nunca. Yo siento mucho más que analizo. De veras.

Por eso les recomiendo a ustedes las varias entradas sobre la obra de DeLillo que Juan Francisco Ferré acaba de colgar en su blog. Puedo no estar enteramente de acuerdo con sus preferencias dentro de la ya larga lista de novelas de nuestro querido Don —yo sigo situando The Names, Los nombres, por encima de cualquier otra: la que más placer de lectura me aportó (placer—>mi baremo único, qué quieren ustedes que le haga)—, pero lo que dice no solo me parece razonable y hasta científico, porque podríamos demostrarlo en laboratorio si dispusiéramos de una muestra suficiente de cobayas, sino también útil para quien desee practicar una modalidad de lectura menos vehemente, más reflexiva que la mía. Es indispensable que los lectores españoles aprendan a leer narrativa como la que escribe DeLillo, porque, a fin de cuentas, de las exigencias de los lectores, de lo que ellos esperen de los escritores, depende el porvenir de la literatura, aquí y en todas partes. Y las sociedades dependen de su narrativa mucho más de lo que creemos; de hecho, estoy convencido de que nuestra falta de reacción ante el tremendo escamoteo a que nos están sometiendo los poderosos se debe, en gran medida, a que nadie ha sabido cómo contar el mundo nuevo a sus sorprendidos habitantes.

Pointing up Añadamos, para agrandar el inri, que casi nunca tomo notas de lectura, ni hago anotaciones en los márgenes: la experiencia me enseña que pierdo el tiempo con ello, porque rarísima vez vuelvo a los libros, ni desde luego a los papelitos en que yo haya garabateado quién sabe qué mientras los leía. Uf.

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  1. Gonzalo
    2010/12/24 en 21:14

    Llevo años detrás de “Los nombres” pero no hay manera de encontrarla. ¿No le habrán encargado, por casualidad, una nueva traducción para re-editarla en breve? Muchas gracias por la recomendación de Baker, “Vox” me está gustando mucho.

    • 2010/12/27 en 19:13

      No, Gonzalo, no me han encargado una nueva traducción de The Names, ni creo que tuviera sentido hacerla, porque —si no me engañan quienes me informan al respecto— la existente es buena.
      Circe editó la versión española en 1992. Veo en el ISBN que hay también una edición gallega de 2004, pero aparece como no disponible.
      Saludos.

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