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Machos feos

2010/11/18

Me hace alguna gracia tanto escándalo. Ahora, el senyor (me daría igual que fuera castellano viejo, como el anterior; pero es senyor) Salvador Sostres. Llevo desde pequeñito oyendo a los mascles ibérics [i cristians, precisaba Serrat en una de sus más tiernas canciones humorísticas («Conillet de vellut»)] soltar paridas de hombre. Lo cual explica, seguramente, por qué tengo tan pocos amigos hombres. No los soporto. Todos mis amigos hombres han sido siempre pudorosas excepciones. Ni siquiera Sánchez Dragó se atrevió nunca a alardear de sus hazañas fálicas —tan editadas, por otra parte— en mi presencia. No sé. Los coarto, supongo; se me nota demasiado que no me los creo. Pero, claro, de vez en cuando me descuido y asisto, tele mediante, a una exhibición como la de Sostres. Qué desostre de tío, si me permiten el chiste fácil. Pero qué normalito, también: es lo que dicen los machos en los bares, jugando a los chinos, en la poridad de los despachos, en los atisbaderos de caza, supongo que también en los descansos de los partidos de fútbol (antes de que las titis invadieran los estadios poniéndolos perdidos de hormonas incompatibles con las masas viriles), en cualquier sitio, con coñaques o sin coñaques previos. Ninguna mujer llega a imaginar el alcance tremendo de este macherío (más arriba lo he llamado ibérico, pero me corrijo: ibérico o británico o senegalés; la testosterona no reconoce pasaportes). Claro, alguna mujer me ha replicado alguna vez que yo tampoco puedo imaginar lo que hablan las mujeres entre ellas. Será. Atisbos hay, últimamente —tal vez—, a juzgar por la boquita de algunas entrevistadoras televisivas; y por lo que escriben otras. Tampoco somos tan enormemente distintos, las hembras y los machos de la especie, aunque nuestros agentes químicos difieran muchísimo, aunque nuestros desempeños, desde la prehistoria profunda, nos hayan especializado tanto. Etcétera.

En realidad, estas ingeniosas ocurrencias (no me digan que no es genial lo del ácido úrico: me deslomo de risa) se sueltan por ganarse la admiración de los congéneres (todo gamberro —político, social, sexual— es un candidato a ídolo, entre hombres) y, claro, por acostar señoras. Esta gente, además de tonta del haba, es ingenua y actúa sobre el convencimiento de que las mujeres se sienten fatalmente atraídas por los chulos. Y no, ¿verdad? ¿O sí? Ahí está una de las madres del cordero, en esta cuestión de la pelea sexual: las chicas están tan espantosamente mal educadas como los chicos, y sigue habiendo una considerable porción de ellas que pierde los sesos por los hombres de tortazo y mando. Algo que, lo confieso —o más bien lo proclamo—, siempre me ha sacado de quicio, aunque en mi entorno nunca haya habido demasiadas mujeres de tal laya. (Hace menos de un año, una profesional altamente cualificada, inteligente, agradable en el trato, atractiva en lo físico, tras contarme que su marido le pegaba —no con frecuencia, pero le pegaba—, añadió: «Pero ¿a quién no se le escapa una bofetada de vez en cuando?». Pues a mí, por ejemplo. O, bueno, no mintamos: una vez le di un ligero tornavirón a uno de mis hijos, siendo él muy pequeño, y aún no he terminado de arrepentirme. Puedo alegar en mi descargo lo muchísimo que cobré yo hasta más o menos los doce años. No es fácil deshacerse de las costumbres familiares.)

Bueno, no voy a resolver este asunto en un articulito bloguero (tampoco lo resolvería si escribiese un grueso volumen sobre el tema, seamos realistas). Ya me he extendido más de lo que tenía previsto. Lo único que me apetecía aconsejar, así, en general, al mundo, al orbe y a la urbe, sobre todo a los periodistas —esos grandes propagadores de la cretinez y la maldad—, que no se les haga tanto caso a estos practicantes empedernidos del sexo verbal; lo único que con ello se consigue es arrecharles la cresta. De veras. Dentro de lo que es posible hoy en día ignorar algo, con los medios difundiéndolo todo en directo, lo mejor es hacer como que no han dicho nada.

Suelen ser tíos feos, para más inri.

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  1. Gonzalo
    2010/11/18 en 13:06

    Hombre, digo año y medio porque, con un poco de suerte si las cosas siguen de este palo, en el 2012 se acaba el mundo. Y si no se acaba, del 2012 en adelante ¡el horror, el horror…!

  2. Gonzalo
    2010/11/18 en 12:39

    Algunos, cuando huelen que el poder está muy cerca, consideran que hay barra libre. Nos queda un añito y medio tremendo.

    • 2010/11/18 en 12:59

      ¡Ay, si fuera un año y medio!

  3. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/11/18 en 12:09

    Así es, machos feos y que ligan menos que el chófer del Papa de Roma.
    Pero, me parece, el problema mayor viene, no de las tonterías del tal Sostre, que no es más que un émulo de los hermanitos Ansón, y del tal Ussía, uno de esos de la derechona, que hacen de la rija un mundo bien ordenadito (todas putas, menos mi madre, mi santa esposa y mis hermanitas del alma); el problema mayor viene cuando so pretexto de las imbecilidades de los mentados, o de las mentirijillas de viejo chocho de Sánchez Dragó, un tipo del que guardo buen recuerdo de cuando lo traté un poco, hace más de dos décadas, la fiel infantería de la progresía tiende ya, sin miramientos, a la instrucción de orden cerrado de su patio de acuartelamiento monjil: se empieza por pedir sanciones para el tal Sostres, tan deleznable él, es cierto, y no sólo por lo de Telemadrid, y se acaba haciéndolo contra un cómic que no responda al modelaje “feminiente” de la Pajín o de la muy párvula ministra de Exteriores, o de la Salgado perseguidora de fumadores (la primera ley contra el tabaco fue suya). O se va contra músicos que nada tengan que ver con el oficialismo rockero de por estos pagos, el Miguel Ríos & Co. Contra conjuntos musicales como Siniestro Total y La Polla Records, nada sospechosos de concubinato ideológico con los hermanos Ansón, con Ussía o con el tal Sostres, ya cargó en su día, también, la progresía bienpensante (en RNE teníamos prohibido, directamente, poner algunos de sus discos).
    Ya pasó cuando aquello de “Todas putas”, de Hernán Migoya, una novelita discreta que en nada respondía a lo pretendido por sus acusadoras: que hacía apología de la violencia contra las mujeres, cuando realmente denunciaba a las claras el estado de la cuestión en la calle, cosa que también hacen, mucho más allá de donde llegan periodistas y sociólogos, no pocos dibujantes de cómic… Por no hablar de las manifestaciones, sean escritas, pintadas o fotografiadas, que no respondan al cliché del “fino erotismo” a lo Almudena Grandes, por ejemplo.
    Un caso: Cuando fui reportero, propuse a Interviú un reportaje sobre el acoso sexual a las mujeres en el mundo editorial, el cine, la prensa; en los mundillos “chic”. Tenía muy buenos testimonios, de mujeres que habían padecido situaciones de veras lacerantes en los dichos mundillos; mujeres que en esas cosas trabajaban; mujeres sin parentela perteneciente a la oligarquía que gobierna los dichos mundillos “chic”. La respuesta: Uf, eso no… En fin, que si tienes algo de cajeras de supermercado, mejor, menis problemas…
    Tal cual lo cuento.
    JL

    • 2010/11/18 en 12:58

      Tienes razón, José Luis, y es malo que la tengas, porque con ello se nos hace más claro aún lo difícil que será resolver el problema. Es verdad que la progresía de la vieja escuela se está convirtiendo en una rémora peor que el mismísimo PP. Es verdad que se silencia sistemáticamente todo lo que apunta revolución eficaz. Y, ya en otro orden de cosas, es verdad que el acoso sexual entre personas finas es tan abundante y tan acucioso como entre los brutos más brutos. Nadie tiene que contármelo: lo he visto con mis propios ojos. Y, desgraciadamente, también he visto lo mal que se defienden las mujeres finas en estas situaciones, quizá por miedo lógico a que las despidan o las sometan a algún tipo de ostracismo. El caso es que estos acosadores de alto nivel se van siempre de rositas, cuando no consiguen su objetivo, porque alguna tonta cree que un polvo puede llevarla al peldaño superior. Lo cual —sigamos añadiendo males— tampoco está excluido. Qué difícil será todo.

  4. Liu
    2010/11/18 en 11:58

    A mí me ocurre (o me ocurría porque dejé de tratarlos) lo contrario, conocía a más tipos a los que les gustaban las niñas de quince a dieciocho que las mujeres. Ya no digamos lo poco o nada que les interesan las de su edad, ya no digamos cuando consideran que una de más de 25 años caducó. Estos hombres están ahí, y se manejan en el discurso políticamente correcto. Un idiota que se va de la lengua se convierte en el chivo expiatorio del discurso políticamente correcto pero la mirada a la mujer como carne no cambia.

  5. perplejo
    2010/11/18 en 10:26

    Me ha gustado el artículo, pero… Te aseguro que entre mi extenso círculo de amigo- hombres no hay ni uno sólo que pegue a su mujer, nadie que haga comentarios tan cretinos como los de ese Sostres. No hablamos de sexo con niñas. Me parece que generalizas demasiado.

    • 2010/11/18 en 10:33

      Es posible, sí; pero hay nociones que no vale la pena expresar con distinguos y matices, porque pierden rotundidad. Por otra parte, desde siempre sabemos que cada cual cuenta la feria según le va. Y también yo podría afirmar que no conozco a ningún hombre que le pegue a su mujer, pero ¿cómo lo sabría? No son cosas que se vayan contando por ahí; y las estadísticas nos indican que un considerable porcentaje de los hombres incurre en este comportamiento…

  1. 2010/12/29 en 17:22
  2. 2010/11/18 en 10:48
  3. 2010/11/18 en 10:16
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