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Estambul no es Constantinopla

2010/09/24

Astuto yo (¡guau!): He estado esperando a que alguien dijera algo antes de decir yo algo sobre Parle-leur de batailles, de rois et d’éléphants, el libro nuevo, recién salido, de Mathias Énard, que nos fascinó a unos cuantos con su novela anterior, Zone. Y Grégoire Leménager acaba de sacar una notita en el BibliObs del Nouvel Observateur. [También François Busnel en L’Express; y más saldrán cuanto más me demore en la redacción de este comentario, que lleva tres o cuatro días en crisis de borrador, mientras las dudas me aprietan y acongojan.] [De hecho, ya hay otras varias páginas en que se habla del libro. Busquen en Google.]
     .parle_leur_de_batailles_de_rois_et_d__elephants_enard_mBueno, pues, miren sus mercedes, me falló la estrategia: los señores Leménager y Busnel tampoco saben qué decir: hablan más del argumento, de su personaje central (Miguel Ángel, nadie menos), que del libro. El libro, realmente, ni lo valoran, ni lo aprecian, ni lo comentan, ni lo sitúan, ni nada de nada… Es que nos ha dejado perplejos, el amigo Mathias. Uno no sabe lo que ha leído, tras haberlo leído casi siempre con disfrute. ¿Qué puñetas pretende el autor con una novela breve en que se cuentan a ráfagas líricas, a veces sobreornamentadas y desde luego ilegibles para el 78,2% del cultipaupérrimo lectorado actual, unos devaneos de Michelangelo Buonarroti por Turquía? No, sí, de veras, sin duda: la pintura ambiental es eficacísima y emocionante: hay momentos en que Estambul (todavía un poco ConstantinoplaSeñalando, a principios del siglo XVI) se nos ofrece con una densidad mediterránea, de centro absoluto de la civilización mediterránea, que uno apenas había captado, por ejemplo, en las mejores páginas del Alexandria Quartet. Ha habido, para mí, sobre todo, un momento personal en que he visto acentuada mi propia sensibilidad ante la historiaSeñalandoSeñalando. Pero la novela no llegó a prenderme, a interesarme más allá de la escritura, de la lujosa redacción (que ya es interesar, conste), ni me provocó grandes identificaciones con sus temas. Me importa un pimiento lo que Miguel Ángel haya hecho o dejado de hacer en Turquía a principios del siglo XVI, me importa medio pimiento su fascinación ante una bailarina que podría ser un bailarino, o al revés. Todo —lamento mucho decirlo— me ha sabido a déjà lu, a viejo orientalismo incluso tópico. Muchos de los párrafos más líricos de Énard en esta novela podrían haberlos firmado Gérard de Nerval o Pierre LotiSeñalandoSeñalandoSeñalando.
     Lo malo es que me está saliendo un comentario mucho más agresivo de lo que pretendía. Parle-leur… es un hermoso libro, con espléndidos momentos literarios de percepción histórica, sin más defecto —para mi caletre— que ese asentamiento en el tópico, tanto en los personajes como en el estilo y en el relato. (¿Es así porque el autor lo quiere? Pues a lo mejor.) En todo caso, lo único indiscutible es la categoría literaria de Énard, que, en cierto modo, lo sitúa por encima o por fuera de mi opinión personal y subjetiva. Escribir un libro enormemente bueno, como Zone, tiene ese problema: el lector, en realidad, no espera rendimientos nuevos del autor, sino al contrario: lo mismo, lo mismo, lo mismo, en totalmente distinto, claro; la repetición del placer y el asombro. Parle-leur… no es lo mismo, y lo deja a uno con un palmo de narices.
     En resumidas cuentas: léanlo vuesas mercedes y olvídense de mí.

Señalando Sí, lo reconozco: este enlace es una imperdonable frivolidad mía; pero es que esta canción de The Four Lads iba en el primer disco (45 revoluciones, 4 temas) que me compré en mi vida. Figúrense.
SeñalandoSeñalandoAsí, por ejemplo, la coincidencia de exilio definitivo entre los moros granadinos del siglo XVI, expulsados de España, y los tangerinos europeos y sefardíes de mediados del siglo XX, expulsados de nuestra ciudad. A ambos grupos puede aplicárseles aquel verso mío que tanto han citado quienes escribieron sobre Tánger en los últimos treinta años: «Nací en una ciudad que ya no existe / en un país que entonces no existía». Los moros granadinos no podían volver a Granada, porque Granada había dejado de existir, ocupada por los bárbaros cristianos. Los tangerinos europeos y sefardíes no podemos volver a Tánger, porque Tánger ha dejado de existir, ocupado por los bárbaros musulmanes…
SeñalandoSeñalandoSeñalando No tengo nada en contra de ninguno de estos dos muy eximios novelistas franceses, pero es que no me esperaba una continuación de su escuela, de su modo de mirar, de su lirismo sensual a base de colores y perfumes, en Mathias Énard.

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  1. 2010/09/27 en 14:13

    No, hombre, no: tampoco es cosa de abstenerse… 🙂 El déjà lu (que no vu) de que hablo con relación al libro de Énard es eso, la sensación de estar leyendo algo que uno ya ha leído antes. En cuanto al déjà vu, o vécu, de España, la verdad es que no estoy muy de acuerdo: hay muchísimo en la situación actual que estamos viviendo por primera vez; de hecho, creo que nos iría bastante mejor si lo hubiéramos vivido antes; en algunos casos, nada menos que cinco siglos antes, remontándonos al momento en que la unidad de los reinos ibéricos se hace sin Portugal e incurriendo en todas las chapuzas y errores posibles.

  2. 2010/09/26 en 19:09

    Sí, creo que Énard lleva bastante tiempo viviendo en Barcelona; pero no veo la relación.

    • rafael
      2010/09/27 en 14:05

      Ninguna relación, D. Ramón. Si escribí esa sandez fue porque últimamente el pesimismo sobre mi país me viene por oleadas tan fuertes que ya asocio un libro decepcionante a que su escritor habite en un país …decepcionante. ¿Se puede vivir en un lugar así mucho tiempo sin que uno se contagie? Quizás cuando escrbió Zona todavía no se había contagiado o todavía no había desarrollado la enfermedad del déjà vu (¿No es España un país enmarañado en su bucle, en un eterno déjà vu, no es España como el gigante Sísifo empujando siempre la misma piedra hacia el mismo lugar?

      La próxima vez me abstendré. Me disculpe.

  3. rafael
    2010/09/26 en 15:48

    Mathias Enard, ¿no se había instalado en Barcelona?. No digo más.

  4. Ramón M. q
    2010/09/24 en 22:19

    Qué envidia me dan ustedes los políglotas, pero envidia además a la española: sin mover un dedo para remediarlo, envidiando desde el jergón, como quien dice. Como ya me rapé no puedo ni decir aquello tan socorrido de “pelillos a la mar”… “lenguajillos a la mar”, quizás.

    Quisiera aprovechar el momento french para hacerle dos preguntas:

    1. ¿Qué opinión, si es que lo ha leído, le ofrece la obra de Remy de Gourmont que tuvo su cierto prestigio en lo del 1900, al inicio? Por esas tonterías de la memoria me acuerdo de él sin venir a cuento cada vez que se habla de lo francés… tal vez sea la sonoridad del nombre, que me encanta.

    2. ¿Cual era el título de aquel libro, creo que de David Malouf (?), que recomendó usted in illo tempore en su antiguo librillo? El título llevaba alguna de estas palabras: negro, mudo, ciego… espero que no las tres porque lo pasaría de pena, el pobre libro en las hispanas librerías. Lo buscaba el otro día pero nada… si es que no me lo he inventado directamente, claro.

    Y, en fin, que muchas gracias por volver de vez en vez a sus más que estupendas críticas literarias del suplemento cultural de Cinco Días. Yo las valoro mucho. Dijo usted en una entrevista una vez (o yo le creí entender), que alguien tendrá que ir poniendo un poco de orden en la locura informativa (cultural) de internet para que el consumidor no se pierda en el Maelstrom de productos culturales consumibles… Algo así, precisamente, como unos “maelstros” que nos ayudaran a educar el gusto o a perfilar el ya educado por nosotros… Bueno, el caso es que críticas literarias de personas como usted, de tanda lidia en todos los frentes de la cosa, se agradecen muchísimo… Entra luego uno en la Casa del Libro, física o virtualmente, y se le cae literalmente el infierno de la maldita palabra encima, ¿cómo distinguir allí la morralla de la mierda y la mierda de lo excelso?…

    Aprovecho para decir, al hilo de la anterior entrada, que no sea usted modesto, caramba, no me compare su gusto poético, contrastado con magníficas obras y lecturas, con el de los degustadores de la poesía de Perales… Aleluya, aleluya, cada uno con la suya, pero sobre gustos hay mil cosas escritas (nada más falso que eso de que no hay nada escrito), otra cosa es que la gente prefiera quedarse con el que heredó del abuelo y pase mucho de leer nada que pueda abrirle el paladar a otras delicatessen. No hay que ser tibios ni condescender con el mal gusto en lo que sea, diciendo que, pues no hay argumentos categóricos, Ancoño Gala es igual de defendible (mismos argumentos, me refiero: la poiesis esa) que Ancoño Machado… Si nos ponemos así también cada uno tendrá su ideita de Justicia y no habrá argumentalmente una mejor que otra, cuando sí que la hay, claro que la hay. Ante la diversidad que va tomando el asunto, se tiene una especie de excesivo respeto a la hora de usar y aplicar el sentido común, quiero decir el sentido del gusto estético, literario en este caso. Puede que no exista un canon dentro del Canon (¿quién defiende a Lope frente a Quevedo o viceversa?) pero existe, debe existir, un canon del “buen gusto” en las artes (lejos de mi el buen gusto en el sentido burgués)… Y el mismo dice que José Luis Perales venderá más que nadie y gustará mucho a quien leches sea pero que su poesía (sic) huele peor que el establo donde dizquen nació Cristo; eso no es una hipótesis, es un teorema. De lo contrario las latas de caca que un loco plantó a la venta no ha mucho (¡¡Y se la compraron!!) tendríamos que transigir que tienen el mismo derecho a ser llamadas Arte y a que las pongan en el mismo libro en el que se habla de Miguel Ángel, el que se hizo las turquías.

    La mierda es mierda aquí y en Pekín, que haya napias y lenguas coprófagas dispuestas a degustarlas no es asunto que deba concernir a quien se lleva cultivando el gusto con esfuerzo buceando en lo mejor de la capacidad humana creativa a lo largo de los siglos.

    Como diría Labordeta… eaae eaAA EE ¡¡A LA MIERDA, HOMBRE!! Usted y su Jose Luis Perales de los huevos, señora (y que me perdone el pobre Perales por pillarlo aquí de icono subcultural nauseabundo. La culpa es suya, no mía, no haber preguntado y como es él… Una mierda mu gorda señora ¿se lo repito? UNA MIERDA MUUUU GORDA… TODA ESA POESÍA HEDIONDA HECHA POR Y PARA HEDIONDOS DEL CORASÓN)

    Eso sí, por supuesto, cada uno a lo que le pete el pito… un respeto al ejtranjero que cantaba el borrachito Silvio. Se le da una palmaita en la espalda (o ni eso) y pa’lante. Viva Cartagena

    Sorry por el rollete de úrtima hora… me encendí un poquito pensando en la mala calidad de la poesía que nos infecta y entierra, cada vez más, la mucha buena que hubo y hay.

    Saludos de weekend

    PD.- Aparento aquí que la poesía sea uno de mis temas importantes cuando en realidad queda por debajo de bastantes otros, gracias a deus. Hablaba solo de lo que se hablaba.

    • 2010/09/26 en 19:17

      Primera pregunta: apenas he leído a Remy de Gourmont; no puedo opinar con ninguna solvencia.
      Segunda pregunta: Quizá te refieras a An Imaginary Life, del australiano David Malouf; un librito espléndido en que se cuentan con muy bella escritura los sentimientos de Ovidio durante su destierro rumano. Hay versión española que encontrarás en el ISBN sin ningún problema.

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