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Profunda reflexión mañanera

2010/08/21

Hoy me ha sacado de la cama una duda cruel: ¿por qué, cuando nos referimos a parejas de nuestra amistad, unas veces decimos primero el nombre de él y otras el nombre de ella? En mi caso: Íñigo y Elena, Javier y Gloria, Montxo y Puy; pero Maruxa y Fernando, Lola y Héctor… Un primer conato de explicación: nombramos primero a quien hemos conocido antes, a quien ha determinado la relación. Puede ser. También: la fonética: ¿es más fácil decir Susi y Eduardo que Eduardo y Susi, Bea y Fernando que Fernando y Bea? (Luego está lo de Ortega y Gasset, pero ese es otro cantar.)
   Conste que la cuestión ya se plantea en nuestro siglo XV: «tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando» (donde hay, por cierto, una incorrección gramatical que no voy yo a enmendar ahora, medio milenio después).
   Amenidades y pasatiempos, claro. Ha vuelto el calorazo.

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