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Bartók

2010/08/09

Antes de que se levante nadie, me escucho, en el mullido recinto de los auriculares, bajo el bendito ventilador de techo, los cuartetos número 5 y 6 de Bartók, en versión del Juillard String Quartet. Sé que no cumpliré la promesa, porque nunca la cumplo y siempre me la hago en esta coyuntura, pero me prometo volver más a menudo a Bartók. Él es mi músico. Punto y aparte. Ya lo utilizaba el protagonista deTal vez vivir, mi primera y merecidamente inédita novela, que escribí con dieciséis y diecisiete años. Entonces solo había oído la Música para cuerda, percusión y celesta, cuyo amenazador arranque de catástrofe inminente me oscurecía la vida, vacunándome un poco, dentro de lo posible, contra los demasiados resplandores de mi adolescencia; ahora no soy un experto (no soy un experto en nada, ni me sobrevive ningún resplandor), pero tengo bien repasada la obra completa de Bartók. Donde la modernidad nunca fue tan moderna.
Il faut être absolument moderne, que decía el pequeño maestro de Charleville. Añado el fragmento final de Teoría de la sorpresa:

cita primera, cita última
No creo que Paul de Man tuviera en mente la cita­dísima frase de Rimbaud. Pero le da la réplica.
—¡Hay que ser absolutamente moderno! —chi­lla­ba Arthur, desentonando las vocales.
—La literatura siempre ha sido esencialmente moderna —contestó el profesor.
Es verdad, es verdad. A estas alturas.
Aunque añado:
— Todo lo no absolutamente, no esencialmente moderno es reaccionario en arte.

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  1. Liu
    2010/08/09 en 10:28

    Supongo que esa afirmación se dice con la absoluta convicción de ser esencialmente moderno.
    Y, naturalmente, existe una vara de medir lo esencialmente moderno que no admitirá discusiones.

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