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Qué ocurriría

2010/06/24

Hagan vuecencias el favor de leer este artículo de Vicente Verdú: «El oficio de tirarse por la ventana».

Donde viene a afirmarse, sin ambages ni ranuritas por donde colar la esperanza, que ejercer el oficio de escritor solo tiene sentido para los superventas, y que todos los demás debemos abstenernos. Con lo cual estoy tan de acuerdo que llevo sin escribir una línea de narrativa desde antes de que se publicara la novela El último negro, allá por el remoto año de 2005 —y eso que no soy de los que menos han vendido, que conste.

Es difícil el silencio; pero cómodo y nada humillante.

[Queda, no obstante, una pregunta de triste respuesta: ¿Qué ocurriría si todos los escritores que no vendemos veinte mil ejemplares dejásemos de escribir? Ocurriría lo que ya está ocurriendo, de todas formas: poco a poco, iría desapareciendo la literatura (sus cánones, sus referencias, su cultura, sus lectores, sus placeres, sus desdichas). Adiós.]

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  1. 2010/06/24 en 19:34

    No respondo a si son imbéciles o no, porque nos llevaría mucho tiempo. Pero está claro que los articulitos que cada tanto se saca Verdú de la manga sobre la novela o sobre los escritores son el típico pergeño por lo que parece que se aborda un tema pero en realidad se lo elude. Así los diarios dan la impresión de que “tienen” secciones de cultura sin ofrecer nada más que vaguedades.

    • 2010/06/24 en 19:35

      Más aún, me parece que son dos tontos con suerte.

  2. 2010/06/24 en 18:41

    Sí, vale, vale: hay un viejo refrán.
    Conozco a Verdú, algo, he estado en reuniones con él, en cenas de trabajo, y me consta que no es ningún imbécil. Conozco a Juan Cruz, mucho, aunque no pueda decirse que seamos amigos, y me consta que no es ningún imbécil. (Creo que fue Ortega quien lo advirtió: no hay peor error que el de creerse que el adversario es tonto).
    Y no, no creo que sea verdad, Marcos, que publicar resulte más fácil que nunca: siempre fue facilísimo comprarse un cuaderno gordo, de espiral, llenarlo hasta los topes de genialidades, enseñarles nuestra magna obra a unos cuantos amigos y luego guardar el tesoro en un cajón. A eso, casi exactamente, equivale la publicación digital, por el momento (con cuatro o cinco excepciones, ya sé); con la ventaja, sobre el cuaderno y el cajón, de que el autor no siente el peso abrumador de lo inédito, de que el autor se cree publicado… Viva cada cual la situación como quiera, maneje cada cual sus consuelos preferidos.
    Yo seguiré sin escribir.

  3. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/06/24 en 15:38

    Enhorabuena, Mariajo.
    No me atreví a decirlo tan alto y tan claro.
    JL

    • 2010/06/24 en 16:24

      Gracias José Luis,
      es que lo de la nena china me ha conmocionado: empiezan a los tres añitos con el tabaco y la cerveza, a los cuatro empiezan a leer a Verdú y ya son irrecuperables.
      😉

  4. 2010/06/24 en 14:36

    Vicente Verdú es un imbécil, y le permiten escribir en El País porque es un imbécil. Su artículo no merece ningún comentario y no he pasado del segundo párrado. El concepto “clase media” en literatura es en sí mismo una majadería y tiene el memo éste suerte de que Sartre y Becket ya murieron porque ahora mismo les habría dado un ataque al corazón por las carcajadas al leer lo que a este tipo le da por escribir (y con Juan Cruz directamente se harian al hara-kiri y cambiarían de religión). Hay hombres que tienen el cerebro organizado de tal manera que solo son capaces de concebir estupideces y hay otros hombres con el cerebro organizado de tal manera que solo pueden contratar a este tipo de estúpidos.

  5. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/06/24 en 13:44

    Vale, muy bien, muy bonito lo de Verdú, mucha “compasión” por su parte. ¿Pero por qué no cuenta la razón de que determinados libros, determinados autores y determinadas editoriales, apenas o jamás salgan en los suplementos de periódicos como el suyo? Él bien sabe el porqué, como lo saben perfectamente algunos -amigos o conocidos- que ahí trabajan, y que te lo cuentan.
    JL

  6. 2010/06/24 en 13:23

    Pues no estoy de acuerdo en absoluto. Es decir, estoy de acuerdo en el planteamiento general. A ese tipo de literatura precisamente acabo de llamarla literatura turística, pero Verdú supone que escritor es sinónimo de vivir de la escritura, y eso es un fenómeno perfectamente moderno: desde el boom de la editoriales como empresas, bien entrado el siglo XX. Toda la vida existió el escritor “aficionado”, incluso el escritor superventas “aficionado”, es decir, aquel que tenía una profesión (bibliotecario, traductor, empresario… no hace falta dar nombres de consagrados) y en sus ratos libres escribía obras maestras. Entonces, si se quiere ser escritor que vive de la literatura sí, está jodidísimo; pero escribir sin más puede hacerlo cualquiera, y nunca estuvo más fácil publicar lo escrito, eso sí, por medios distintos a los tradicionales.

    Saludos

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