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Oloixarac

2010/05/26

Ante el poderoso envión de su éxito crítico, ante la panoplia de reseñas entre entusiastas y más entusiastas todavía (ovaciones corales, aunque alguna con cierta retranquilla), dejé lo que estaba leyendo (una excelentísima novela del excelentísimo David Malouf —Babylon—, que no me interesa casi nada, pero tan bien escrita y compuesta que da grima imaginarla solita por este mundo, entre los lectores bárbaros) y me puse con Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac.

Ya la terminé. Y vuecencias me van a permitir que arranque mi cogitación con una proclama de perplejidad: es verdad que la chica (33 órbitas) tiene talento —muchísimo talento—, pero da la impresión de que en la Iglesia literaria andamos tan mal de nuevas vocaciones como en la Iglesia papal, porque de otro modo no se entiende que un libro prometedor como éste sea recibido con tamañas salvas de gloria y aleluya por buena parte de los críticos españoles (1) más fiables y atentos al panorama, menos entregados a criterios de márquetin y ventas. No, en serio: Las teorías salvajes es un texto muy interesante y muy generacional (2) y, quizá (eso ya no lo puedo saber), bastante argentino; a ratos es espléndido, a ratos aburre soberanamente con su afán de modernidad (3), a ratos nos hace preguntarnos cuántas veces y dónde habremos leído antes estas ocurrencias que la autora, obviamente, considera originalísimas; y en ningún momento logra su propósito principal, que parece consistir en deslumbrarnos con sus poderosos focos de luces innovadoras. No. He tenido que estar recordándome a cada página que es una primera novela, y admirarla (mucho) como tal; y perdonar la aguda sensación de déjà lu que me produce. No sé si Oloixarac continuará escribiendo, ni, mucho menos, si llegará a producir la obra que cabría esperar de su rotundo talento: el alud de elogios bien podría sumergirla en el monocultivo del éxito —de mesa redonda en conferencia, de televisión en radio, etcétera, YouTube incluido (porque, para colmo de males, es guapa)— y resecarle las ganas de sentarse a escribir. Por otra parte, tampoco estoy seguro de que vaya a seguir interesándole escribir novelas, porque es evidentemente una persona con miras e inclinaciones muy diversas, y más dispersa que una perdigonada. Se verá.

Mientras, permítanme vuecencias añadirle unos cuantos chisguetes de elogios. Redacción: excelente (con la típica mezcla de exquisitez pedante y vulgaridad progrearrabalera que tanto nos gusta a los listillos). Vocabulario: bueno y valiente; no todo el mundo se atreve hoy en día a utilizar palabras y conceptos que el bárbaro lector no puede ni quiere entender (peor: que lo indignan) (en latín, a veces, además: ¡figúrense!). Capacidad de relato: solo a rachas; la historia que cuenta no llega a estructurarse, los personajes no pasan de símbolos convencionales; pero tiene el considerable mérito de no escoger ni por un instante la vía narrativa más trillada y fácil. Humor: lo tiene, lo tiene; y quizá sea su rasgo más maduro (con el don de la intensidad, que también posee a gogó).

Yo de ustedes la leería, vuecencias. Se disfruta (4).

(1) De los argentinos no hablo, porque apenas los conozco.

(2) Observo entre los treintañeros de ahora una tendencia a describir la realidad de un modo fragmentario, en trozos grandes, regulares o pequeños, revolverlo todo y explicarnos a continuación, con mucha paciencia y moderada agresividad, que qué absurdo ¿verdad? [Enmiendo: la moderada agresividad es cosa de chicos; las chicas escritoras atacan más, porque la denigración de los tíos las vuelve locas de placer (diríase que todos los innúmeros males de la sociedad son culpa del machismo histórico y tradicional; pero esa es otra) (que me trae sin cuidado, por cierto: lo que importa es el cambio, su necesidad presente, no sus justificaciones en la historia).]

(3) La autora es experta en las cosas de internet y de las máquinas computadoras, y maneja abundantemente sus conocimientos e ideas y visiones del asunto; pero quizá le quede aún por comprender el pequeño detalle de que las modernidades técnicas, hoy en día, se quedan viejas muy rápidamente, una detrás de la otra, y van perdiendo capacidad de fascinación: la prolija crónica de un videojuego puede tener cierta gracia al principio, pero aburre a partir de la segunda página. Detalle sin importancia, que conste.

(4) La autora gasta blog, que también se disfruta, no crean: melpómene mag

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  1. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/05/27 en 09:24

    Es verdad, Ramón, no cabe comparar a Polita con Norah, pero es que, por ese bendito capricho del que hablas, me vinieron a la memoria algunas fotos de Norah Lange, preciosísima: en fiestas, disfrazada de sirena, con vestidos de lamé (ché, lamé acá). En fin, perdón por el mal chiste… Polita me recuerda alguna camarerona de pub, sin más (varias de entre ellas, por cierto, confiesan arrebatadas que les encanta escribir y que tienen muchas poesías…)
    No conocía su obra narrativa (la de Norah Lange, digo) y de verdad que ando subyugado. Por ejemplo, con “45 días y 30 marineros” (1933), el relato de una singladura (acaso sea verdad que sin singaduras, ella nunca quiso decir si las hubo o no) hacia la Noruega de sus antepasados. Ella solita en un mercante, con 30 gachés a bordo. No sé… Vuelvo a ser injusto, a buen seguro, pero me supongo a Polita en tesitura semejante y no más la veo ahí hablando de Lacan a los marineros verriondos.
    (María José tampoco me parece precisamente fea, nada de eso).
    JL

  2. 2010/05/27 en 07:36

    No sé, no sé, M.ª José. Manipulación no veo mucha, la verdad, y menos de los «modernillos» españoles: el libro llegó promocionado de la Argentina y no se ha vendido ni se está vendiendo como para enriquecer a nadie, ni para edificar sobre él una carrera literaria. Oloixarac tendrá que currárselo bastante en el futuro si no quiere que todo esto quede en agua de borrajas, en una racha cortita más, de las varias que lleva uno vistas. Por el momento, se ha introducido en un ambiente, pero anda que no le quedan casillas que recorrer… Y, con todos los respetos por el buido ingenio de Naomi Klein, me atrevo a señalar que en este caso nadie ha inventado ninguna necesidad: hay entre los poquísimos buenos lectores del mundo una verdadera hambre de literatura que el «mercado» apenas satisface, o satisface con sucedáneos como… Bueno: como quienes más me vale no nombrar, porque ya está uno harto de hacerse enemigos para nada y por nada… En cuanto a la guapura… Tampoco tú eres muy fea que digamos, querida. Ni Naomi Klein. ☺

    Por otra parte, José Luis, el hecho de que Norah Lange fuese más bella (opiniones habría, si preguntásemos) (¿fue de Nora o de su hermana de quien se enamoriscó Borges?) no implica obligación de menospreciar a Pola O. No se puede comparar la obra de una persona que ha escrito una novela y tiene treinta y tres años con la de otra persona que cumplió una vida literaria de mucho alcance y mucha integración en el cotarro de la época. A mi, la verdad, la poesía de Lange no me dispara los placeres, y de sus novelas apenas me acuerdo… No me sorprende, digamos también, que dejaras Las teorías salvajes a las pocas páginas: si no le entra uno con buen talante, supongo que el libro puede resultar muy prescindible. Luego está que tú eres un excelente lector (demostrado), pero te pasa lo mismo que a mí: no juntamos ni media pizca de objetividad y de vez en cuando nos rebosa la mala leche. Qué voy a contarte que no sepas. El capricho es una parte fundamental del gozo y del arte. En todo caso, el símil con Operación Triunfo tiene su mucha gracia, y su alguna verdad: vista con la inquina necesaria, la señorita Pola es una <i>triunfita</i> de libro.

  3. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/05/27 en 00:41

    Polita me parece monina pero más cursi que una perdiz con ligas, lo que me ha impedido ir más allá de un montoncillo de páginas de su obra aquí comentada.
    Hace poco me he hecho con la obra completa de Norah Lange, tan injustamente solapada por el relumbrón de su marido, el para mí a menudo grande Oliverio Girondo, y voy disfrutando mucho de esa lectura. Ya que hablamos de autoras argentinas. Norah Lange fue, encima, bellísima y osada como no podrá serlo nunca -en ambos rubros- esta Polita, que me parece una suerte -suertuda- de ganadora de una OT literaria.
    JL

  4. 2010/05/26 en 21:54

    Uno, si no el principal, mérito que le veo al fenómeno-Pola O. –porque el libro es otra cosa– es que al menos siendo guapa (según las fotos) y yendo de guapa no comete la estupidez de andar lloriqueando por ello y dice que lo utiliza abiertamente como un arma a su favor. De ese modo, las no guapas o menos guapas no tenemos que pensar: si tú te quejas, yo debo tirarme al río.
    Creo que este fenómeno Pola O. es un ejemplo clamoroso de cómo se manipula a los modernillos españoles. Parece todo extraído del recetario que Naomi Klein en No-logo desarrolla sobre cómo crear una necesidad y ofrecer a continuación un producto que parece saciarla.
    La novela de Pola O. me ha gustado bastante, pero nunca mientras la leía he dejado de pensar que es ese “brote verde” de la literatura joven que crece después de que se haya arrasado antes todo el territorio literario español. Por exagerado que suene.

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