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Entrada antigua

2010/05/18

Reproduzco una entrada mía de 4 de julio de 2009 en el Librillo antiguo (que no puedo enlazar) (lo hago porque acabo de ver que Ricardo Menéndez Salmón y Mathias Énard se han hecho «amigos» en Facebook):

Dice alguien (no localizo firma) en NoToDo:

«Zona es uno de esos libros que uno debería empezar porque sí, sin una sola recomendación y sin tener idea de nada. Porque prácticamente cualquier cosa que se diga de él va a contribuir a crear expectativas falsas y sobre todo pequeñas. Que es arduo, sí, que es exigente, también, que no contiene un solo punto a lo largo de sus cuatrocientas páginas… no es del todo cierto. Lo que sí es cierto es que Zona es el libro ideal para los degustadores de literatura bien especiada, pantagruélicas comilonas de letras sin principio ni final, amantes de lo difícil y, en fin, toda suerte de lectores poco complacientes. Nada de dejarse amilanar por su extenso, imparable monólogo interior, hay que apresurarse a entrar en él, sin perder un segundo, y seguir el transcurso del pensamiento que despliega su narrador, en viaje incierto hacia el fin de los tiempos, ese trayecto en compañía de un personaje oscuro, delimitado muy lentamente y con escasas pinceladas, del que al principio apenas sabemos que tiene algo de espía, algo de guerrero, algo de disminuido emocional o directamente cojo de los sentimientos.

»Personaje tan opaco como las mil y una historias —la Ilíada detrás de este libro, como Las mil y una noches— que repasa en su fluir y en donde amalgama el peso de la experiencia, los errores propios y el cuerpo machacados, con la Historia encarnada en una ristra interminable de asesinos, desde Aníbal hasta nuestros días, engarzando personajes reales y construcciones más o menos realistas de seres igualmente oscuros, malvados por acto o por omisión, comisarios de la guerra, la fatalidad, el crimen. Épica sin heroísmo en un mantra continuo que hila un tema con el siguiente al tiempo que dibuja una humeante cartografía del horror a lo largo de los siglos y costas del Mediterráneo. Ahora, olvida todo esto y hazte con una copia de esta delicatessen mórbida y excelente festival de literatura.» [Uno es como es, qué le vamos a hacer: coleccionista de enemigos innecesarios, adquiridos, muchas veces, por el tontuelo procedimiento de largar más de la cuenta. Ahora, por ejemplo: una delikatesse, dos delikatessen. A no ser que pretendamos decir delicatessen, que es como pasa el término al inglés con el sentido de charcutería selecta.] [También parece haberse molestado conmigo el propio Énart, cuando le comenté por correo electrónico que no me entusiasmaba la traducción de «âge d’homme» propuesta por Robert Juan-Cantavella en la edición española de Zone.] [Y conste que, por lo demás, la traducción española parece francamente buena.]

Decía yo aquí el pasado 11 de febrero:

«Es el mejor libro que he leído en muchos años, y no le escatimaré los elogios, quizá porque, de escritor a escritor, no me levanta la envidia. Hay libros que a uno le gustaría haber escrito y libros que uno jamás escribiría. Qué ejemplo poner. No me importaría nada haber escrito una obra maestra como Rayuela, pero me sentiría muy culpable si hubiese escrito una obra maestra como La vida breve.

»Jamás se me pasaría por la cabeza plantearme la escritura de nada parecido a Zone. [Mathias Énard, Zone; Actes du Sud, 2008.] Un alivio para mí, sin duda.

»Ríanse ustedes del viejo The horror, the horror! Esto sí que es el horror, contado sin truculencias ni aspavientos ni ascos, con la franca naturalidad de quien ha participado en los hechos, o en hechos parecidos, y los comprende profundamente, como Odiseo comprende y acepta su odisea. (Conste que no sé si el escritor utiliza material autobiográfico. No, seguramente. Pero me lo hace creer a pies juntillas.) Es, en el flujo de conciencia del narrador, un repaso del horror mediterráneo más reciente y de muchos horrores antiguos; pero,sobre  todo, es una aglutinación épica de la cultura mediterránea, que lleva siglos mezclándose por la sangre y los genes, por las guerras atroces y los contactos pacíficos, por el amor y las violaciones. Contando en un francés muy rico y elástico (excepcionalmente rico y elástico: no quiero ni pensar que se lo hayan dado a traducir a algún incompetente), por procedimientos literarios que al principio pueden parecer caprichosos (esa eliminación de los puntos), pero que van haciéndosenos necesarios según pasan las páginas, hasta que, mediado el volumen, nos resulta imposible concebir esta historia escrita de otro modo. Todos sus elementos se conjuntan en una indudable obra maestra.

»Aviso: son más de quinientas páginas.

»[Estoy a pocas horas de una operación quirúrgica que me tiene sorbido el seso, y, desde luego, no es este mi mejor momento para hablar de libros. Pero no quería meterme en el hospital sin recomendarles antes a ustedes esta novela portentosa. (También es muy interesante La perfection du tir, primera obra de Énard, que leí a continuación de Zone. Pero, digámoslo así, es un apunte de talento sin cuajar del todo, quizá por exceso de ingenuidad o porque el escritor aún no ha dominado sus recursos.)] [Énard vive en Barcelona desde al año 2000. Creo que da clase de árabe en una universidad catalana. No hay demasiado información sobre él el internet, pero prueben a ver qué les encuentra Google.]»

¿Qué está pasando con Zona?

La única reacción que he detectado es esta, de una alumna mía muy intensa y brillante, Olga Amarís, que me escribía lo siguiente el 25 de abril:

«Buenos días:

»Acabo de leer la última página de Zone de Mathias Énard…y qué puedo decirle. Curiosamente las palabras, mis palabras, me parecen en este instante más hueras que nunca. Tal vez lo mejor sería simplemente agradecerle su recomendación. Todavía estoy en ese trance doloroso de amoldarme a la realidad. Y digo doloroso aún siendo plenamente consciente de que la ficción vivida ha sido doblemente demoledora y espeluznante.

»Hacía tiempo que no emprendía un viaje literario tan pleno (mi tiempo puramente relativo que se traduce en tres libros-fiasco después de la delectación inasible del Cuaderno dorado).

»Este libro me ha reconciliado con algo que creía dando sus últimos estertores; algo que, cual dinosaurio, seguía viviendo a expensas de unos "nostálgicos" que iban ensamblando sus restos. He recordado muchas veces sus palabras: "El libro muere". Creo que tiene razón, pero esta certitud me llena de desazón. ¿Continuará existiendo en su prole?, ¿y quíénes son su descendencia?, ¿los guiones de cine, los blogs, los cortos…? Seguiré buscando.

»Gracias de nuevo y me alegra saber, por su página, que se encuentra mejor.

»Saludos,

«Olga Amarís»

(Pido perdón a Olga por utilizar este texto sin su permiso. Lo eliminaré a la menor indicación de que le ha molestado mi abuso.]

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  1. Ramón B.
    2010/05/18 en 23:22

    Ya veo.

  2. Rq
    2010/05/18 en 19:36

    Ups! Pues sí, precisamente hace un par de días estábamos hablando de este libro el autor del comentario de arriba y yo 🙂 Como alguien me animó a comprarme el texto en francés, yo voy lentita, pero algún día, espero, podré dar también mi opinión. ¡Me estáis picando mucho la curiosidad con el Énard este! Besos!

  3. Enrique J.
    2010/05/18 en 16:48

    No voy a explicarlo pero la vida tiene a veces unas coincidencias que lo dejan a uno dudando de si al final no habrá algo que se ríe de nosotros. 🙂

    Salud!

  1. 2010/09/24 en 18:13
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