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Unos libros (3)

2010/05/16

Antoine Sénanque, L’Ami de jeunesse (Grasset, París, 2008)

Me apetecía leer algo divertido y liso. Vi esta rotunda frase de Pierre Assouline sobre Antoine Sénanque en Le Magazine littéraire: «Désespérément drôle, son roman a un charme fou». Pedí a amazon.com y me fue concedido rápidamente. Desde hace un tiempo, los paquetes de Amazon llegan como enviados por catapulta.

No es tan desesperadamente divertido, este amigo de juventud escrito por un médico del que ni siquiera Google sabe demasiado, aunque ya lleva, con ésta, dos novelas publicadas en Grasset; pero me vino bien poder leer L’Ami de jeunesse durante aquellos días. Sénanque está tan pendiente de hacer gracia todo el tiempo, que acaba creándole cierta ansiedad al lector: Dios mío, ¿lo logrará en el próximo párrafo? Nunca es desternillante, pero casi siempre levanta la simpatía. Cómo no. Antoine, un psiquiatra de cuarenta y ocho años, decide emprender una nueva vida, recuperar su vocación juvenil y lanzarse a estudiar historia en la Sorbona, arrastrando en su proyecto al amigo de juventud, un tal Félix, «restaurador». Ambos tienen mujeres pintorescas. Félix pasa de la suya y la sustituye rápidamente por una estudiante inglesa. El protagonista ama irreversiblemente a la suya, con la que lleva desde pequeño. Los estudiantes son un mundo ajeno y amable (1). Las situaciones que se plantean resultan cariñosas y risueñas. No hay maldad por ninguna parte, solo naturalidad, en el amor, en los amoríos, en la indecisión final del protagonista ante todas las opciones que le abren sus aventuras (incluida la de pegarle una buena golpiza al amante de su mujer). Todo muy entretenido, con toques de ternura a veces emocionante, con momentos de buena ironía o burla de las convenciones… En serio: es un libro muy majete. A lo mejor le sobran quince o veinte juegos de palabras pelín rebuscados, por lo que decíamos al principio, por el afán de hacer gracia todo el rato; pero majete.

[No parece que L’Ami de jeunesse esté traducido al español, ni creo que le interese a ninguna editorial hispana. Claro está que se publican libros muchísimo peores, tanto traducidos como redactados directamente en español, pero ese criterio comparativo nunca ha sido aplicable en el mundo editorial.] [Que no, que no, créanme.]

(1) Coincido con dos observaciones de Sénanque sobre los universitarios actuales. a) Son mansos, amables e indiferentes a casi todo lo «antiguo». b) No van a ninguna parte sin su botella de agua. Conté aquí mismo, hace poco, que una alumna de la UEM vino a casa a hacerme una entrevista. Mi hijo Yago le preguntó si le apetecía algo de beber. Ella contestó, encantadoramente rotunda: «No, gracias, me he traído mi agua». No recuerdo que llegara a beber durante la entrevista, pero el riesgo de sed lo trajo controlado desde su casa.

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