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Unos libros (1)

2010/05/16

Jean-Philippe Toussaint: Faire l’amour / Fuir.

Un caso más de escritor de grueso éxito en Francia (y Bélgica, claro: de allí es nacional) rotundamente rechazado en España. Anagrama, siempre ojo avizor del pelotazo que los demás no adivinan (ha pillado unos cuantos en los últimos decenios, el señor Herralde), le publicó cuatro libros que, al parecer, no vendieron ni llamaron la atención de la crítica. Luego, ya desde 1999, nadie ha vuelto a comprar para España y en castellano ninguno de los numerosos títulos que el señor Toussaint ha ido produciendo en este milenio. Ni siquiera Fuir, con el que obtuvo el Prix Médicis 2005 (la editorial Galaxia lo publicó en catalán en 2007). Yo acabo de leerme este Fuir galardonado y su antecedente indispensable, Faire l’amour. No me pregunten por qué. Lo pedí a amazon.com recién vista alguna reseña de alguna página web, imagino, pero no he conservado la referencia provocadora. Algo me interesaría a priori. ||| ¿Qué me interesa a posteriori? Tampoco lo sé. Entrambos libros tienen la ventaja de ser muy cortos y muy ligeros de leer. El estilo es churrigueresco, vamos a llamarlo así: hubo párrafos líricos que me movieron a la risa durante la lectura. El tipo escribe de una forma extraña, a base de arrebatos, con descuidos gramaticales y estilísticos que solo pueden ser voluntarios, espurreando adjetivos sin la menor medida, dando la impresión (falsísima, me parece) de que ni se relee los textos antes de enviarlos a publicar. No cuenta nada, en realidad: solo ambientes por los que transcurren los personajes, despacio, deprisa, casi siempre atónitos y agobiados; sus descripciones de Tokyo (en Faire l’amour) y Pekín (en Fuir) son portentosas, pero también lo son las de cualquier otro ambiente que en un momento determinado necesite el autor trasladarnos: habitaciones de hotel, restaurantes, estaciones de ferrocarril, una piscina en el último piso de un rascacielos. Me las leí como enquillotrado, creyéndomelas al detalle, sintiéndolas, todas menos una (el paseo por París de Marie, en Fuir, cuando le acaban de comunicar que ha muerto su padre: me salté la mitad). ¿Los personajes? Se aman aman aman aman, él y ella (los mismos en ambas novelas), pero van a terminar o han terminado o quizá terminen para siempre, porque ya solo les queda en común el amor amor amor amor (observación que el escritor no hace, por cierto, pero que el lector valora con algún asombro) (1). No hay acción: solo recorridos ambientales + sentimiento, expresados con una intensidad muy fácil de entender y recibir. ||| A mí me parece un autor nada despreciable y, además, vendible (según dice la crítica francesa, a partir de Faire l’amour, ha dado un cambio completo en su obra, lo cual hace, quizá, que sus cuatro fracasos españoles no deban tenerse en cuenta). Es moderno, roza la cursilería en su pintura del amor, saca sitios muy pintorescos y poco vistos (la isla de Santa Elena, pongamos por caso), describe el movimiento y la sensación con una eficacia de impacto extraordinaria (no se me ocurre ningún otro escritor que pueda comparársele en este punto). ¿Por qué no habría de complacer al supuesto lector español? No sé si leeré algún otro libro suyo, porque yo necesito un poco más de chicha mental —rebuscado y raro que es uno—, pero sí que merece un par de catas.

(1) Observación de la obviedad que, sin embargo, no suele hacerse: lo que más dura en las parejas es precisamente el amor (a veces en el peor y más estúpido sentido de la palabra: el ansia de posesión); pero el amor no basta para hacer posible la convivencia.

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