Inicio > General > Caso

Caso

2010/05/12

En verdad que si lo hubiera hecho aposta no me habría salido mejor: qué manera tan bochornosa, la mía, de llamar la atención en la notita anterior. Agradezco muchísimo los ánimos y más aún los cariños, pero conste que no me los merezco, porque a mí no me pasa casi nada (el casi es obligatorio y permanente, qué vamos a hacerle: setenta almanaques dentro de un mes y medio). Hallándose en Alemania en casa de sus padres, mi mujer —Angelika— tuvo una muy fuerte subida de tensión y no le quedó más remedio que acudir a Urgencias de un hospital cercano. Y ya no la dejaron salir hasta tres días después, mientras le hacían toda clase de pruebas, etc. [Aprovecho para recomendarles a todos ustedes que no les ocurra viajar sin la tarjeta internacional de la Sanidad Pública española.] Como suele ocurrir en estos casos —he tenido el disgusto de protagonizarlos dos o tres veces—, no le encontraron nada que pueda ser origen de la alteración: pastillitas y adelante. Ya veremos qué dice nuestra médica, a quien aún no hemos tenido acceso, porque las colas de la Desesperanza Aguirre son como son: largas y revueltas (y negadas por las autoridades competentes).

Que Angelika no esté bien es algo que contradice y confunde dolorosamente mis estructuras fundamentales, de ahí las nulas ganas de escribir y mi tono más bien dramático. Llevamos treinta y cuatro años juntos —desde sus veintitrés y mis treinta y seis—, y, egoístamente, espero que sea ella quien tenga que vivir sin mí.

Escribí esto hace ya casi tres decenios (Tres movimientos, Hiperión, 1981):

Testamento

S
i muriésemos viejos,
mírame tú morir,
con la ternura
con que sueles mirarme
cuando me crees absorto
(a hurtadillas).
A quien quiera quemarlo
déjale mi cadáver:
tú da fin
a la vida que hicimos;
calienta mi recuerdo
y muere
grácilmente
cuando quieras.

Insisto en pedir perdón por lo ocurrido. Quise escribir una nota discreta y me salió un trompetazo de socorro al ancianito. Bochornoso. Ya lo dijo don Ovidio: tardus gravitate senili.

Anuncios
  1. Luis
    2010/05/13 en 19:56

    Siento lo de su esposa y seguro que se repondrá pronto. Su poema hacia ella lo salva todo. Sin embargo discrepo con Ud en su ironía hacia la sanidad que dirije Dña. Desesperanza Aguirre. Lamento que su pensamineto político le impida ver lo aceptable que funciona nuestra sanidad actual de Dña. Esperanza. La lista de espera no debería ser un problema grave para alguien como Ud (y yo) que por la edad la paciencia se supone una virtud.
    Afectuosamente su lector

  2. FUNCI
    2010/05/13 en 17:50

    Realmente precioso el poema. Felicidades por conservar el amor en estos tiempos en que se confunde valor y precio.

  3. Lectrice égoïste
    2010/05/13 en 10:18

    Nuestras vidas se asemejan a infinitos abismos. Cuando se cree al ser objeto de amor —ese río oculto y sorpresivo— al borde de uno de ellos, uno cae en el pánico. El amor es generosidad y egoísmo: «Un perfecto egoísmo entre dos», decía Sacha Guitry. Todo irá bien. Que la calidad de la mutua atención continúe.

    ¡Hermoso; muy hermoso, el poema!

  4. Ricardo
    2010/05/13 en 09:17

    Apoyo el comentario de Álvaro.

  5. Alvaro
    2010/05/12 en 22:23

    Pues con el poema quedamos compensados más que de sobra…, gracias

  6. hector
    2010/05/12 en 20:24

    Me alegro de que las cosas vayan mejor. No debe de pedir perdón. Cuando las mujeres no van como un reló nos agobiamos todos, no es Ud. sólo. Ojalá lleguemos todos a los 70. Gracias por la recomendación de la tarjeta “internacional” (?) Yo siempre llevo la mía, la de siempre, cuando voy de viaje. ¿ es eso o hay que pedir otra? Una pista : en “Germania” en sentido lato ( tb Austria, Schweiz, Luxemburg…) JAMÁS bebo café , sólo té ; además de que aquel café es cagalón, me suele poner en órbita. No sé si es la mezcla, el tueste o qué, porque cargados nunca son. A ver si va a ser de eso… Mis mejores deseos para la Sra. y para Ud. un cubo de tila.

  1. No trackbacks yet.
Los comentarios están cerrados.
A %d blogueros les gusta esto: