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Kenia

2010/05/01

 

El jueves pasado vino a verme a casa una joven ( muy joven ) mexicana llamada Kenia Pérez Sandoval. Me hizo una entrevista para alguna publicación de la Universidad Europea de Madrid, donde ella estudia. Traía un cuestionario larguísimo y un aparato de grabación que me pareKenia Pérez Sandoval. 2010.04.29 07bció poco fiable, de manera que decidí grabarla yo a ella mediante la cámara web del Qosmio; pero, al parecer, su lisa maquinita funcionó impecablemente, porque no me ha llamado pidiendo ayuda.

Lo que más interesa a la gente joven es, claro, como dejar de aspirar a algo para ser algo. Esta chica ¡ sorpréndanse ! quiere ser poeta. ¿ Qué consejo puedo yo dar a alguien que quiere ser poeta ? Que se marque otro objetivo, desde luego ; pero, gracietas aparte, lo único que se me ocurre, ahora : para ser hay que hacer, sobre todo ; para ser poeta hay que hacer poesía, y para hacer poesía sin ridículo (el peor riesgo de los poetas, por cierto) hay que formarse. Un poeta ha de leer, porque un poeta ha de ser dueño del lenguaje, y solo leyendo se conquista el lenguaje. Leyendo qué. No sé. Todo. Desde pequeño, todo : los papeles del suelo, los rótulos, los anuncios, las indicaciones de tráfico, los mensajes de los aviones publicitarios, las pancartas, los folletos, los libros ; todas las variantes de la comunicación nos han de interesar, a los poetas, porque a todas habremos de recurrir alguna vez, en nuestra gran necesidad de transmitir al lector las experiencias trocadas en sensaciones, en sentimientos, en calmas y arrebatos, en lo que deseemos, cada vez que lo deseemos. Es difícil ser poeta, no crean. Cansa. Llega a hartar. El canalla más intenso de la historia de la poesía, un tal Arthur Rimbaud, se hartó cuando aún no había cumplido los veinte años y pasó a concentrar todo su sentimiento en el tedio y en —se lo escribe él a su hermana— « sufrir como un burro ». En cambio, otro canalla más medido y circunspecto, Juan Ramón Jiménez, murió viejo, toqueteándole las carnes a la poesía, tan feliz, con el gorrito Nobel en la coronilla y alguna que otra beldad más intelijente que él en el currículo. Tampoco vamos a pretender que la poesía sea justa. ( De hecho, es muy injusta, porque engaña a sus devotos con el sentimiento : nueve de cada diez poetas se creen buenos e incluso excelentes poetas solo porque sienten cuando escriben y vuelven a sentir cuando se releen ; y son pésimos poetas ; y poetisas, claro, y poetisas.) ( Comprendo que resulte difícil creerlo, pero el sentimiento no es un ingrediente literario. Esto último me lleva a otro tema, que dejaré entre paréntesis. Hay una amiga mía —escritora— que afirma no tener sentimientos. En nuestros dos últimos almuerzos juntos hablamos de las neuronas espejo y llegó a la conclusión de que ella no las tenía, de que no tenía, llamémosle así, « función empática ». Su pregunta siguiente era : ¿ cómo puedo escribir si no concibo el sentimiento, ni el propio ni el ajeno ?… Única respuesta posible : el escritor no tiene por qué sentir nada ; solo hacer sentir al lector. Y, por otra parte, el truco, supongo —yo sí tengo sentimientos : abundantes ; quizá por eso escribo menos y me canso mucho más—, consistirá en imaginar. Es más factible imaginar los sentimientos ajenos que llegar a sentirlos.)

Kenia se llama Kenia porque su madre quería un nombre con k —no me explicó con qué propósito— y eligió ese como podía haber elegido otro cualquiera ( Katmandú, pongamos por caso ). No, como yo había imaginado ( no se les escape el recurso al verbo imaginar ), porque sus padres la hubieran concebido durante un safari. No podía ser tan hemingwayana la cosa. Kenia, además de poeta, quiere ser actriz. En cuanto acabe su licenciatura en la Universidad Europea se pasará a la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Puso mucho énfasis en « Real », al enunciar el nombre de la institución. Será por el glamour de la monarquía, vuelvo a imaginar.

Mucha suerte, en todo caso. Ya les pasaré a ustedes el enlace, cuando Kenia publique la entrevista.

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  1. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/05/07 en 23:02

    ¡Caramba! Tras leer “Por un puñado de pelos”, creo que tal era el título, me quedó la duda de si Chukri realmente escribía.
    Por cierto, de mi malhadada librería de lance que abrí un tiempo -poco tiempo- en Santander, Orson Books, llamada así por un precioso mastín leonés que tenía entonces, y al que había puesto por nombre Orson, guardé al cerrar unos montoncitos de libros, entre los que había dos ejemplares de “La memoria de los peces”. Me queda uno. El otro se lo regalé a un amigo, buen lector, no hace mucho tiempo: aún alucina, como me pasa a mí cada vez que abro el libro por cualquier página.
    JL

    • 2010/05/08 en 19:26

      Me paso al correo electrónico normal, José Luis.

  2. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/05/07 en 14:39

    Aquella reseña que hice en Interviú de “El año que viene en Tánger”… Fueron casi dos folios, de los que apenas salió medio. Aunque yo era entonces jefe de edición de la revista, y me encargué del cierre, claro, vi el desaguisado hecho con la reseña cuando ya estuvo el número en la calle. Esas cosas solían pasar. El intento de hacer un cuadernillo con libros y discos diferentes a lo que se pedía, por así decirlo, un empeño al que el ya desaparecido Nelson Marra y yo nos dimos con menos éxito que cabezazos contra el muro, chocaba a menudo con las exigencias, por ejemplo, de los responsables de Ediciones B, marca de la casa Zeta, que de continuo andaban por la redacción presionando para colocar sus “productos”, incluso con veladas amenazas, o no tan veladas, a la dirección de la revista.
    En fin, Don Ramón… Eso, que no decaigamos. Pero en ocasiones tiene uno que tomarse un descanso para sacarle filo al hacha y volver a la carga.
    Un fuerte abrazo,
    JL

    • 2010/05/07 en 19:05

      Sí, la reseña se quedó en esto:
      «Lamentablemente, Ramón Buenaventura se prodiga poco, pero mejor que así sea. Si algunos llevábamos años recordando y releyendo su novela anterior, Ejemplo de la dueña tornadiza, ahora podremos disfrutar, acaso durante unos cuantos años más, de esta El año que viene en Tánger, auténticamente prodigiosa. Novela de tantas caras como almas, El año que viene… rastrea, sin embargo, en los únicos restos constatables del naufragio humano —el fracaso vital y hasta amoroso como “input” desde el que elaborar una teorización del cinismo como fuente de vida y como alimento de los amores—, para construir un cuerpo narrativo de solidez tan monumental como flexibilidades halla en los distintos grados de expresividad y de investigación formal que tiene la novela. Además —aviso para los españoles despistados—, la evocación, a veces, y la narración, las más de las veces, de Tánger, nada tiene que ver con el falseamiento que de ese territorio vital han hecho unos cuantos escritores norteamericanos que allí fueron a follarse moritos a buen precio. Buenaventura ha vuelto, y esta es la mejor noticia que la pacata literatura española del presente podría recibir. O no. Ya otros raros de nuestras letras (Julián Ríos, Aliocha Coll, Miguel Espinosa, José Carlos Cataño y alguno más) siguen sufriendo el desprecio de los mediocres por su osadía. Puede que a Buenaventura le ocurra lo mismo, como con su otra novela.»
      Yo es que lo guardo todo, querido ☺. No, en serio: está en el dosier de prensa de El año que viene en Tánger, aquí… Veo ahora un detalle que me había pasado inadvertido: ¡fuiste tú quien habló de los anglos que bajaban a «follarse moritos»! Chukri, el malogrado escritor marroquí tan manderecha de Bowles, se agarró un tremendo cabreo conmigo por culpa de esta afirmación —que yo nunca hice, que él debió de leer en INTERVIÚ— y me lanzó una andanada en AVUI, diciendo que yo no era un novelista, que era un insignificante «gacetillero»… Pero lo más curioso de todo es que él me había dicho eso mismo de los buscadores de retambufas, una vez, tomándonos unas tapas en Tánger, en un bar español de la calle Juana de Arco (ex calle Juana de Arco, no recuerdo cómo se llama ahora), en compañía de la entonces directora del Cervantes, al cuarto o quinto whisky. Una serie de rebotes confusos, como ves. [Creo que la calle se llama ahora Moussa Ben Noussaïr, en trasliteración francesa. O sea: la calle del moro Muza. No, si intención nunca les falta, por esos pagos.] Otro abrazo.

  3. José Luis Moreno-Ruiz
    2010/05/05 en 13:29

    ¡Qué alegría de leer estos versos!
    A usted, Don Ramón, lo descubrí con su doña tornadiza, y luego me fui a la cantata. Desde entonces sigo en sus letras. Sorprendido y admirado siempre.
    JL

    • 2010/05/05 en 13:41

      Me fastidia que hayas abandonado tu blog, José Luis. Iba a ponerte una notita de despedida y llegué tarde, porque el enlace ya daba oops! En fin. Comprendo que te hayas hartado, a pesar de la considerable cantidad de seguidores —yo entre ellos— que tenías.
      A pesar de mis enormes años, conservo una memoria selectiva muy lozana. No se me ha olvidado la nota que publicaste ¡en Interviú! cuando EL AÑO QUE VIENE EN TÁNGER, refiriéndote a la Dueña tornadiza (que seguramente no habéis leído más que tú y otros dos despistados).
      Que no decaigamos. Un abrazo.

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