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Guerracivilismo bis (nota aún más apresurada que la anterior)

2010/04/25

Sé que esta nota no le resultaría muy simpática al Equipo Protestatario Habitual, si llegara a leerla, ni a muchos de mis lectores; pero qué remedio: callarse, a veces, es peor que engañar.

Estoy a favor, más que de la Democracia, del Estado de Derecho, y éste, por el momento, mientras alguien no tenga una idea genial, solo puede funcionar según los principios democráticos. No creo en las dictaduras benéficas, ni en los regímenes que se apalancan en el populismo de las manifestaciones multitudinarias. El tan repetido millón de manifestantes en la plaza de Oriente jamás legitimó el ejercicio del poder por Franco. Catorce millones de ciudadanos del mundo entero gritando a favor del juez Garzón tampoco demostrarían su inocencia (ni su culpabilidad). El PP tiene razón cuando afirma que si el Tribunal Supremo desistiera de sus intenciones contra el juez, tras las manifestaciones, nos hallaríamos ante un fracaso de la democracia. La cuestión no tiene vuelta de hoja. La democracia no se cultiva en las calles, sino en las urnas y en los parlamentos; y en los juzgados, mientras demos por buena la separación de poderes y sigamos considerando que los jueces deben ser independientes de los legisladores y del gobierno (idea que convendría revisar, en vista de lo que está ocurriendo en la realidad: los jueces son tan políticos y partidistas como cualquier otro ciudadano y solo se diferencian de los legisladores y los gobernantes en que no tienen por qué rendir cuentas ante nadie, ni les afecta lo opinión pública). Está bien, a mi entender, criticar a los jueces, denunciar sus desvaríos, explicar a los votantes en qué consisten sus jugarretas gremiales (modificar en el parlamento las reglas de sus conductas); no es de recibo, en cambio, pretender que el sistema judicial pueda verse afectado por una o veinte manifestaciones callejeras. (Tampoco el gobierno, claro: cuando varias decenas de millones de españoles benditos se manifestaron contra el aborto —petando casi la plaza de Colón—, el PP quiso aportarlos como prueba de que toda España estaba en contra de la nueva, o reformada, ley. El delirio va por bandos.)

Tampoco debería ser de recibo que toda oposición de la izquierda tenga que revertir siempre a las mismas fichas antañonas. Primero, las consabidas declaraciones del Equipo Protestatario Habitual, que no cambia de caras ni mejora sus elementales ideas revolucionarias. Luego, impepinablemente, las banderas republicanas y el intento de presentarnos la Segunda República como un modelo de imprescindible recuperación para que España vuelva a ser lo que quiera que fuese cuando izaban la tricolor. Es una noción que rechazaría hasta con violencia, si fuese violento. Yo soy republicano, desde luego, antimonárquico, desde luego, pero no siento la menor nostalgia de la Segunda República, ni de su bandera, ni de sus prohombres. Soy republicano de la Tercera República, nueva y sin contaminar por el repugnante resultado histórico de los años treinta españoles. Sin cambios de bandera. ¿Acaso el rojo y el amarillo son propiedad de los reyes? Quiero, repito, un Estado de Derecho, y para conseguirlo, desde luego, me sobra la monarquía (que, en sí misma, constituye ya un contrasentido: ¿qué pintan en el Estado estos señores y señoras tan católicos, encarnación permanente y hereditaria del non est potestas nisi a Deo en que la Iglesia se amparó durante siglos para manipular la política europea?).

Lo que no tiene el menor sentido es pretender que se ha ganado una batalla cuando lo único que se ha hecho es sacar a paseo, en una tardecica de sol, los viejos signos de las viejas ideas (incluidos unos patéticos cartelitos de NO PASARÁN). Qué duda cabe de que una revolución es ya imprescindible y urgente, porque el Capitalismo Triunfante nos está devolviendo a la Edad Media; pero no, desde luego, ninguna de las revoluciones que se intentaron en la primera mitad del siglo XX con tan poquísimo éxito, con tan sangrientos fracasos.

No, en serio: viva la revolución, que alguien la invente o la actualice cuanto antes, que la promocionen, que nos convenzan a todos de su necesidad ineludible; pero, por favor, ya vale de retrorrevolución.

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  1. hector
    2010/04/27 en 18:53

    clap, clap, clap !!! ( no se me ocurre otra manera de aplaudir en un foro de internet )

  2. 2010/04/27 en 12:42

    Dos preguntas que en cierto modo se responden a sí mismas:
    ¿Quién o quiénes presionan a los jueces de toda España para que eludan tramitar las peticiones de familiares que se limitan a pedir permiso para desenterrar cadáveres en fosas clandestinas ya localizadas?;
    Y segunda, ¿por qué se habla y escribe tanto del “caso Garzón” y, por el contrario, casi nadie advierte que el meollo del asunto es que hay más de cien mil desaparecidos (la Justicia dispone de los nombres y apellidos) y que en este Estado democrático de Derecho todo son trabas para desenterrar a los asesinados y enterrarlos dignamente?
    No parece razonable centrar todo en Garzón y arrincocar el “caso cadáveres enterrados en cunetas”.
    La disquisición jurídica sobre los trámites que hizo Garzón para abrir fosas -¡no para juzgar asesinos!- es una perversa “distracción”.

  3. FUNCI
    2010/04/25 en 22:40

    Estoy “casi” absolutamente de acuerdo contigo. Sólo faltaría que mencionases dos temas: uno, que, en este caso, además, nos encontramos con un mal funcionamiento del poder judicial -me resisto a escribirlo en mayúscula- que se ha hecho recurrente; quizás sea la única de las instituciones democráticas con resabios preconstitucionales; dos, que, como siempre, el PSOE se la coge con papel de fumar: la mal llamada “ley de memoría histórica” no sólo no ha venido a intentar remediar una injusticia de décadas, sino que ha servido para enfrentarle más con sus adversarios políticos, y la culpa no es sólo de estos últimos. Si no puedes contentar a todos, por lo menos intenta contentar a los tuyos. Un abrazo.

    • Ramón B.
      2010/04/26 en 07:50

      Cierto, cierto. Más que una nota de Facebook, lo que el tema requiere es un folleto de cien páginas. Con datos y demostraciones. Pero aquí solo se puede opinar de prisa. ☺

      • Superhombre
        2010/04/26 en 19:19

        Mejor opinar de prisa y bien que despacito y mal.

        Que no decaiga la lucidez.

  4. rafael monreal
    2010/04/25 en 13:53

    Con todos mis respetos, chapó.

    Cordiales saludos.

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