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Picudo rojo

2010/04/21

antolin[1] Todo el que sabe algo de mí sabe también que este señor del paraguas es amigo mío: no puedo presentar como objetiva y desapasionada mi opinión sobre una obra suya.

Pero, vamos, supongo que algo sí me estará permitido escribir aquí sobre su última novela, El picudo rojo, premio Juan March Cencillo 2009. [Bueno, sí: el título es espantoso; nos remite al picudo rojo, un bicho, un coleóptero que mata cocoteros y palmeras y cuyas labores preocupan al narrador del libro.]

Mariano Antolín Rato lleva muchos años —desde Mar desterrado, me atrevo a afirmar— practicando uno de los máximos adornos creativos que la literatura proporciona: las variaciones; sus siete novelas posteriores a la recién mencionada son la misma historia (totalmente distinta en su combinación, claro), contada cada vez con sutiles cambios, con añadidos que profundizan o esclarecen o simplemente embellecen, en ubicaciones variadas que siempre ejercen una influencia semejante sobre los personajes, que son en todos los casos una peculiar combinación de jóvenes más o menos incautos y viejos asendereados (sin faltar nunca la figura conyugal de una mujer dueña del ambiente y del tono y hasta de la intensidad de vida del protagonista). De hecho, sus lectores no esperamos de él otro libro, y quizá nos sintiéramos traicionados si lo escribiese.

El picudo rojo es una novela corta, de poco más de cien páginas, y en ella emprende Antolín Rato la práctica de nuevas variantes. El protagonista sigue siendo un señor ya mayor, que no ha vivido como Dios manda pero que tampoco lo lamenta demasiado, porque todo le fue muy intenso; el desencadenante de la acción es, también como de costumbre, el contacto entre este anciano narrador y un personaje muchísimo más joven (un nieto, esta vez); el ambiente, un pueblo que se parece bastante a los de novelas anteriores… Esta vez no hay figura conyugal viva, aunque sí determinante, y representada, además, por una hija (la madre del nieto) que la prolonga. Todo ello envuelto en una novedad absoluta: en la casa aislada donde vive el protagonista y donde va alojarse el nieto durante una temporada (para que su madre pueda irse de picos pardos por ahí) irrumpen tres delincuentes, es decir la ruptura violenta del orden establecido. Nada semejante había ocurrido nunca en una novela de Mariano Antolín.

El picudo rojo narra minuciosamente el paralelo entre la violencia brutal e inconsciente y caprichosa y el estupor —más que miedo— que genera en las personas civilizadas. Todo el relato es pura tensión, pura inminencia de algo que —el lector lo sabe— no va a ocurrir; y pura indignación ante un suceso ya ocurrido que no se nos narrará, ni en su momento ni en sus consecuencias. Sabemos lo que ha ocurrido al nieto del protagonista, quizá incluso con su aquiescencia inconsciente, pero no asistiremos al hecho como lectores, ni conoceremos sus consecuencias (la novela está contada desde un futuro en que el narrador es aún más viejo que cuando la invasión se produjo). La evidencia final tendrá que sorprendernos: mientras siga uno con vida, ningún suceso nuevo puede cambiar lo que el pasado ha constituido. Supongo.

Claro está que nada de lo que he escrito hasta ahora puede tampoco modificar el primer párrafo de este texto: Mariano Antolín es amigo mío y no tengo credibilidad para juzgar su obra. Pero qué más da que me crean ustedes o no: El picudo rojo es una buena y sólida pequeña novela.

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  1. mariano
    2010/04/23 en 11:02

    The same ancient song again, eh? Thanks, old chap.
    M

  2. Lectrice égoïste
    2010/04/21 en 23:34

    Me gustó y leí de un tirón No se hable más, donde Mariano Antolín hermana magistralmente traducción y jardinería.

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