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Más sobre los jueces

2010/04/10

La democracia está concebida para sociedades uniformes o casi uniformes, donde la discrepancia no sea nunca de fondo, sino de detalle: Atenas, los primeros Estados Unidos… En estas sociedades nuestras —partidas en dos cuarenta y cincos por ciento irreconciliables que se alternan en el poder solo porque hay un diez por ciento de votantes indecisos, que unas veces apoyan a la derecha y otras a la izquierda (llamémoslas así), por motivos casi siempre más caprichosos que razonables— el sistema no puede funcionar sin retoques.

El replanteamiento del poder judicial es uno de estos retoques imprescindibles: no es de recibo que estemos en manos de un grupo de personas cuyo ideario político-social-religioso desconocemos a priori, pero influirá poderosamente en el modo en que nos apliquen las leyes; un grupo de personas, además, que han accedido a sus cargos, primero, mediante una oposición en que son sus futuros compañeros quienes valoran y eligen y, segundo, por decisiones políticas que dependen de qué facción esté en el poder en cada momento. No sé cómo puede enmendarse tan disparatada situación, pero si no nos ponemos a ello cuanto antes bien podría ser que la democracia se desvaneciera en el aire de la historia.

Sustituida por lo único que puede sustituirla, es decir por una dictadura dogmática y populista. Chávez con chaqueta y corbata, es decir Berlusconi, supongamos. Ay.

[Conste de nuevo —ya lo dije en otra entrada— que Garzón no me resulta especialmente simpático; pero el caso es que está siendo juzgado por motivos gremiales, porque muchos de sus compañeros lo tienen sentado en la boca del estómago y quieres escarmentarlo definitivamente, y, sobre todo, porque quienes lo juzgan no responden ante nadie ni dependen de nadie. No importa que el mundo entero se lleve las manos a la cabeza, que la gente se manifieste, que Facebook hierva, que la prensa internacional vaya aumentado el tamaño de los titulares cada día que pasa: a ellos les da lo mismo, porque nadie podrá pedirles cuenta de lo que hagan. No sé en qué noción de la justicia cabe semejante situación de impunidad.]

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  1. hector
    2010/04/12 en 13:54

    Y lo que debe de estar sufriendo el pobre, una persona con un ego tan grande… En fin, suerte y al toro. En el peor de los casos, siempre le queda el indulto del Gobierno ( sería un poco como la aplicación administrativa y discrecional de los principios de conveniencia y oportunidad a la(s) sentencia(s) que finalmente se dicte(n) : querellas tiene unas pocas) . Particularmente, no creo que llegue la sangre al río. Salu2.-

  2. Superhombre
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