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James Joyce y Marilyn

2010/03/24

Utilicé esta portada de Poets & Writers por primera vez el 1 de julio de 2008. Marilyn Monroe leyendo —terminándose ya—  el Ulises de James Joyce. La foto es obra y seguramente ocurrencia de Eve Arnold, fotógrafa de la agencia Magnum, que la tomó en la finca de Long Island donde Marilyn vivía con su entonces marido, el dramaturgo Arthur Miller. Tiene, claro, medio siglo de antigüedad. No crean que pasó inadvertida: hay un capítulo dedicado a ella en Joyce and Popular Culture, ensayo de Richard Brown; y luego, en 2006, The Guardian pidió a unos cuantos escritores que escogieran su imagen preferida de mujer con libro, dando lugar a que la veneranda Jeanette Winterson (a quien tanto he leído y tanto me impresiona casi siempre) escribiera lo que sigue:

This is so sexy, precisely because it’s Marilyn reading James Joyce’s Ulysses. She doesn’t have to pose, we don’t even need to see her face, what comes off the photo is absolute concentration, and nothing is sexier than absolute concentration. [Detalles así me hacen amar a Winterson: en efecto, no hay nada más sexual que la concentración absoluta.] There she is, the goddess, not needing to please her audience or her man, just living inside the book. The vulnerability is there, but also something we don’t often see in the blonde bombshell; a sense of belonging to herself. It’s not some playboy combination of brains and boobs that is so perfect about this picture; it is that reading is always a private act, is intimate, is lover’s talk, is a place of whispers and sighs, unregulated and usually unobserved. We are the voyeurs, it’s true, but what we’re spying on is not a moment of body, but a moment of mind. For once, we’re not being asked to look at Marilyn, we’re being given a chance to look inside her.

[ Muchos datos de este texto están tomados de Cultural Studies – All Day, Every Day.]

En fin: ya ven ustedes, los que leen inglés, que Winterson se toma la foto en serio. Yo, francamente, la tomo por broma: no me creo que Marilyn fuera capaz de zamparse el Ulysses, porque conozco a muy poca gente que de verdad lo haya conseguido, habiéndolo intentado —algunos— con verdadero entusiasmo de partida. Ya saben eso de que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.

No obstante, lo que impulsa esta nota ahora no es tanto la foto de la actriz metiéndose un mito en el cuerpo (para eso están algunos actores: para fingir el ideal) como un suceso que me ocurrió ayer, en mi clase de Traducción LIteraria del Instituto de Traductores. Se me ocurrió mencionar a James Joyce. Noté las caras de los alumnos. Pregunté: «¿Sabéis de quién os estoy hablando?». Y solo una —UNA— dijo saberlo, sin demasiada rotundidad.

La pregunta (terrible, para un literato) es: ¿Cómo hemos podido llegar a una situación en que solo un alumno de una clase de Traducción Literaria [del inglés, para más inri] sabe que en la primera mitad del siglo XX existió un escritor llamado James Joyce, autor de la segunda novela más famosa de todos los tiempos, después del Quijote? Ya sé, ya sé: se puede vivir y andar por ahí tan contento y medrar y tener amores lindos y en suma disfrutar de una buena existencia sin haber oído hablar de James Joyce, y aun de Cervantes; pero me temo que esta ignorancia generalizada señala de modo cruel e infalible el fin de la Literatura, su paso a las clases pasivas del arte, su inclusión irreversible en el mundo de las minorías mínimas. Del que quizá nunca debió salir.

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  1. Juan Francisco Ferré
    2010/04/01 en 08:07

    Está claro que Marilyn está pasmada al reconocerse en el monólogo de su hermana de sangre Molly Bloom. That´s me, honey!, debe de estar pensando la desvalida MM mientras su cuerpo expresa la negligencia más seductora. Winterson, en cambio, con toda su arrogancia puritana, sólo sabe de deslindar la mente del cuerpo en cuanto la pose equívoca de un cuerpo femenino (como el de la benemérita GC que da alegría y “cosa buena” a los damnificados de Haití más arriba) le provoca el menor problema de conciencia…

    Magníficas entradas.

    Un abrazo,
    JF

  2. Ramón
    2010/03/25 en 12:35
    • Ramón B.
      2010/03/25 en 13:15

      Impresionante, la página que recomiendas, Ramón; no es que tenga muchísimo que ver con Marilyn ni con Joyce, pero impresionante. Creo que Miguel Ángel y yo, y —afortunadamente— otros muchos millones de seres humanos, coincidimos en no sentir la menor palpitación de fe religiosa dentro del cuerpo; pero la grandiosidad artística no deja de empaparnos.

  3. Lectrice égoïste
    2010/03/25 en 10:56

    Precioso post.

    Pensemos que la lectora es Nora Barnacle, absolutamente concentrada.

    Interesante, el texto de Jeanette Winterson.

    Pertenezco al nutrido grupo de personas que tienen Ulysses —mi ejemplar en versión de Francisco García Tortosa y María Luisa Venegas—, del que sólo leyeron ciertos capítulos. Pero me gusta hojearlo y detenerme en él, al azar.

    Vuelve con Molly, el 16 de Junio próximo; miércoles. I will Yes.

  4. Ramón
  5. Ramón
    2010/03/24 en 21:29

    Pero no es solo la literatura, claro, el otro día unas sobrinas mías apenas si sabían algo de qué puñetas hizo un tal Cristobal Colón, tal vez algún día lo casen en los exámenes con Marilyn… y al hijo lo harán actor de cine.

    ¿De verdad que es a las ballenas a las que hay que salvar?

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