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Petites leçons

2010/02/05

http://naturewriting.files.wordpress.com/2009/02/petites-lecons-romilly.jpgUn libro muy hermoso:

Jacqueline  de Romilly & Monique Trédé: Petites leçons sur le grec ancien (Stock, 2009).

En efecto: unas pequeñas lecciones sobre el griego antiguo, unas cuantas explicaciones de cómo llegó a convertirse en el idioma más bello y eficaz que nuestra civilización ha dado; los ejemplos, a veces, lo dejan a uno con la respiración apretada.

Tuve una época en que me dio por prometer que dedicaría los últimos años de mi vida a estudiar el griego clásico, para no morirme sin disfrutar su gloria en el original. Ya estoy en los últimos años de mi vida y sigo con el poco griego que aprendí en el bachillerato* apañándome con las ediciones bilingües y el Bailly. Estas Petites leçons subrayan en rojo mis carencias y, por tanto, podrían intensificarme la frustración, si no fuera porque al mismo tiempo me dan acceso a rincones para mí inalcanzables de tanta riqueza.

No recomiendo a nadie la lectura de Petites leçons sur le grec ancien, porque nadie que necesite una recomendación para leerlo debe leerlo.

* Mi tremendo y amado bachillerato, en el que aprendí casi todo lo que sé, o al menos aprendí a aprender: siete años de latín, tres de griego; más de lo que ahora estudian los futuros eruditos clásicos en la universidad.

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  1. 2010/02/08 en 15:25

    Soy profesor de Filosofía y no puedo resistirme a hacer el comentario: estoy totalmente de acuerdo con sus observaciones sobre el griego y el “aprender a aprender”.

    Saludos de un lector que le sigue agradecido desde hace años.

  2. Rafael
    2010/02/07 en 13:44

    Yo en mi bachillerato, que ya no era el tuyo, elegí “Ciencias puras”. El poco latín que di en 2º bachillerato lo olvidé con gusto y a la profesora que nos lo dió. Es verdad que la pobre tenía que bregar con manada de 30 adolescentes de los que un par estaría interesado en aprender Latín.
    Las ganas de aprender griego me llegaron en tercero de BUP y COU con la asignatura de Filosofía (pues sí, en Ciencias Puras esa aisgnatura era obligotoria – y menos mal que lo era – aquella asignatura salvó todo el bachillerato, gracias a nuestro excelente profesor. También le debo eso a mi profe de matemáticas; fueron los que me enseñaron a pensar, a aprender). Después me dijeron que una cosa era el griego moderno y otro el clásico. ¿Cómo voy a aprender un idioma que no me sirve para aprender lo más interesante de una cultura?. Y ya me desanimaron. Encima, con la urgencia que tenía de aprender inglés y francés, el cupo de lenguas posibles se me llenó pronto. Últimamente me vienen ganas de aprender alemán por la misma razón que el griego: la filosofía, el pensamiento. Eso sí, el alemán no “suena” hermoso, al menos a mis oídos. Pero algo debe de haber en esa lengua cuando es ella en la que se ha pensado tanto después de la griega.

  3. Fernando del Valle
    2010/02/05 en 14:44

    Tu post ha liberado un montón de trágicas reflexiones difíciles de reenjaular, e imposibles de tralsadar a esta pantalla, por su devastadora obviedad, y porque no es el lugar. El caso es que después de dejarlas corretear durante un buen rato, cualquier otro comentario me resulta ahora de una trivialidad atroz, así que supongo que este comentario sólo pretende señalar el revuelo existencial que me ha provocado. No sé si agradecértelo o escupirte. Creo que lo primero. Sí, definitivamente.

    Por cierto: la última frase (“no recomiendo a nadie…”) es sublime.

    Un abrazo.

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