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Una calumnia

2010/01/19

No sé quién puede ser Isabel Rossell, ni por qué me llama «mi mentor», ni por qué me calumnia aquí: «Otra muy conocida [traducción de Rimbaud], es la de mi mentor, Ramón Buenaventura. Pues no hace falta traducirla, pero empieza diciendo: "Un día me senté a La Belleza en mis rodillas y la encontré amarga". ¿no es para matarlo? Y no creo que sea una errata, no, porque todo lo demás es por el estilo. Yo la he traducido enterita, pero como la poesía no vende, no encuentro editor.» Es absoluta, total, completa y demostrablemente falso que mi traducción diga eso. En todas las ediciones, lo que dice es: «Una noche, me senté a la Belleza en las rodillas. — Y la encontré [hallé, en la edición de Mondadori] amarga.» Lo cual traduce irreprochablemente, a mi entender, el texto de Rimbaud: «Un soir, j’ai assis la Beauté sur mes genoux. — Et je l’ai trouvée amère.»

Uno no puede sino preguntarse si esta señora no estará brutalmente ofendida porque no le publican su traducción «enterita», y la paga con alguien que sí ha publicado sus traducciones, y no solo las de Rimbaud. Misterios.

[Por lo general, estas pataditas me resbalan, y jamás las comento, vengan de quien vengan; pero la señora Rossell, hoy, me ha pillado de mal humor, y no me ha apetecido callarme.] [Mis traducciones de Rimbaud están a disposición de los lectores en esta página (y en muchas otras de internet que las han copiado sin aviso ni permiso).]

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  1. 2010/01/20 en 23:48

    Claro, claro: al sentido del humor de los ofendidos suelen acogerse los chulos. Pero sonríamos.

  2. Rq
    2010/01/20 en 17:15

    ¡Ay, su madre! ¡Qué tía!
    Venga, chato, que es mejor tomárselo con humor 🙂

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