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Toros

2010/01/03

No sé, puede trampearme la memoria, pero creo que solo he asistido a tres corridas de toros en mi vida:

a) Una que presidió mi abuelo en la entonces recién inaugurada plaza de Toros de Tánger y en la que incluso llegó a permitírseme que sacara el pañuelo para conceder una oreja. Quitado ese momento de protagonismo, me aburrí.

b) Otra en la misma plaza de toros de Tánger, llevado por mi padre. Me aburrí. Quise marcharme después del tercer toro.

c) Y una tercera en la plaza de las Ventas, con dos chicas francesas, allá por 1960. A petición de las chicas, claro. France y Marie-Claire. Tuve la desfachatez de explicarles algunos lances.

En dos de ellas toreaban Aparicio y El Litri.

Si añadimos a este dato el hecho de que durante diez años viví a cien metros de la Plaza de Toros de las Ventas, queda compuesto, supongo, mi perfil taurino: jamás se me ha dado un ardite la fiesta nacional. Y, sin embargo, quiero que conste mi protesta ante cualquier intento, actual o futuro, de prohibirla. La tortura y muerte del toro no me parece suficiente argumento, porque entonces tendríamos que prohibir la cría masiva de gallinas, cerdos, reses, etc. A mí, la verdad, se me revuelve al estómago cada vez que coincido con alguno de esos camiones de transporte en que hacinan a los pobres cerdos (bichos a los que tengo un irracional cariño, porque criamos unos cuantos en la huerta que mi padre se compró en Alcazarquivir con el legado inter vivos que nos hizo el abuelo Alberto tras la venta de su librería, y les he dado de comer, y los he visto acoplarse con ese pene de tirabuzón que les ha dado natura, y los he visto desangrarse en un cubo). O cuando sacan en la tele esas granjas donde cultivan gallinas en cajas de zapatos. Los toros… La verdad, me dan menos pena, porque son animales fieros que, de todas formas, no habrían sobrevivido sin la Fiesta Nacional, o solo quedarían unos cuantos en parques zoológicos. No voy a decir la tontería esa de que mueren con honor, peleando, pero lo cierto es que las dehesas quedarían vacías a los pocos meses de la prohibición. A no ser que a los pobres animales se les encontrara otro uso. ¿Ponerlos a tirar de las carrozas rocieras, con los cuernos floridos? ¿O lanzarlos contra los pasos en Semana Santa? No creo.

Pero, insisto, lo que me irrita es esa manía que tenemos de prohibir, prohibir, prohibir. Si en la sociedad española en general y catalana en particular quedan los aficionados suficientes para mantener rentables las plazas y hacer millonarios a los matadores más estrellos, ¿a qué viene toda esta historia, dentro de un sistema capitalista que, de entrada, renuncia a mejorar al hombre, a hacerlo más sensible y, por tanto, menos amante de la sangre derramada?

[[[Y, por otra parte, ¿en qué datos se basan los nacionalistas para sostener que la fiesta de los toros no es tradición catalana? No será la mentira más gorda del mundo, pero por ahí le anda.]]]

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  1. 2010/01/15 en 14:28

    A mi me parece una salvajada. No es de recibo decir que es arte ver a unos pegapases multimillonarios machacar en manifiesta superioridad de condiciones a un toro, que será muy bravo, pero tiene todas las de perder ante un engaño, la muleta, y varias armas, las banderillas, el picaor, la espada. Éstoy con Willy DeVille cuando dice: “El toro es un animal majestuoso que no merece morir en manos de un señor vestido con medias rosas y sombrero de Micky Mouse. Un hombre que hace eso y encima se proclama muy macho no tiene mis respetos”. Incluso los taurinos que entienden de esto, unos doce, reconocen que en las plazas sólo se ve mediocridad.
    Que peguen pases, o que toreen, pero con el animal de cuatro patas tal cual, sin banderillas ni picaores ni estocadas. Con lo drogados y afeitados que salen ya resultan suficientemente mansos. Y en vez de matarlos que les dibujen una diana en el lomo con un botón en el centro, y que si aciertan suene un pasodoble. Y que si no, que no cobren.

  2. ochan
    2010/01/04 en 21:27

    Cuentan con mi respaldo entusiasmado. Que prohíban todo lo que se les antoje, sobre todo si con ello nos muestran esa finezza de argumentos y ese seny a la hora de actuar. Al fin y al cabo en ese “Madrid” con el que identifican al resto de su/nuestro pais les esperaremos con los brazos abiertos para que vengan a ver los toros…y gastarse la pasta en viajes,hoteles restaurantes…..la pela es la pela. Bienvenidos

  3. konde
    2010/01/04 en 09:57

    Como diría Laporta: los toros no son lo suficientemente épicos. Otra cosa sería que, como el Barça, “fueran portadores de la épica más emocionante de la historia: la que guía a los pueblos sometidos hacia la libertad” (tal cual o con drogas). El tal Leónidas era un friqui, mira que irse a las Termópilas en vez de montar un equipo de fútbol para darle pataditas a un balón. XDD

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