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Haidar

2009/12/19

Es excelente noticia que Aminetu Haidar haya salvado la vida y que ya esté de regreso en su tierra. Queda en el aire, sin embargo, una abominable pregunta: ¿qué tajada habrá sacado Marruecos de todo el asunto? Un regreso sin condiciones, incluso sin petición de clemencia o perdón al Monarca, es absolutamente insólito en la tradición política marroquí. Tanto, que uno se pregunta cómo maquillará el asunto la propaganda oficial para que no parezca una muestra de debilidad o de sometimiento al extranjero. No sé, no tengo datos. Pero lo que más me preocupa, insisto, es qué le habremos tenido que prometer a Mohammed VI, tanto España como la Unión Europea, para que acepte esta «humillación».

Está bien que paguemos por los errores que la historia —cinco siglos de disparates que parecieron perfectamente justos y justificables en su momento— nos obligó a cometer hace treinta y cinco años en Uadi ad-Dahab y Saguía el-Hambra. El problema está en que nosotros no somos ya una Potencia colonizadora irracional, ni una dictadura, sino un país democrático, es decir un Estado de Derecho, pero un Estado que existe en una circunstancia geográfica excepcional: con un pequeño mar por medio, España tiene en frente un país autocrático, gobernado, con mayor o menor benevolencia —según las rachas—, por un rey que controla todos los resortes de la economía, la religión, la sociedad, la opinión pública, etc. La convivencia es obligada, por la cercanía física, por los desplazamientos poblacionales, por el enmarañamiento de los intereses económicos; y al mismo tiempo es casi imposible, porque en Marruecos no valen nuestros principios, ni nacionales ni internacionales, como tampoco en España puede privar la baraka del rey. Y nada que se pacte con el infiel obliga al creyente.

Así de simple. Ya no estamos pagando por nuestros errores, sino por el mero hecho de tener un vecino cuya cultura, por el momento, no es compatible con la nuestra.

Celebremos, no obstante, que a Haidar no le haya costado la vida el desajuste.

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  1. Prometeo Acomplejado
    2009/12/19 en 20:53

    Sucinta y precisa su exposición del “so close, so far away”. Enhorabuena, señor Buenaventura.

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