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Nueva Gramática

2009/12/12

Acaba de llamar mi tan amiga CP para darme el aviso: Ricardo Senabre me incluye hoy, en su reseña de la nueva gramática de la Academia en EL CULTURAL, en una breve lista de escritores que se echan de menos entre las «autoridades». Muchas gracias, don Ricardo, de veras: fíjese usted que estar en una lista de esas, de «autoridades de la lengua», es de los pocos honores letrados que aún me harían ilusión. Pero no, pero no.

La reseña de Senabre está aquí.

Y las menciones, concretamente, a renglón seguido:

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  1. 2009/12/12 en 21:03

    Efectivamente, “alcorque” es una palabra de uso diario muy extendida. Sobre todo en esas circunstancias…

  2. 2009/12/12 en 19:07

    En cuanto a las palabras, el comentario despectivo que más me molestó nunca fue el de Javier Goñi en su reseña de EL CORAZÓN ANTIGUO, donde me echa en cara el empleo de términos arcaicos que están en el texto para que el protagonista se burle de ellos («maguer», «asaz») y, además, se lleva las manos a la cabeza porque en un momento determinado le llamo «entrelubricán» al crepúsculo… Tampoco estuvo mal aquella vez en que a Luis Antonio de Villena —hace muchos años, todavía en DIARIO16— le pareció un abuso que hablase de «alcorques». Le contesté en un artículo bastante violento que Pedro Jota no me dejó publicar. Mi pregunta básica era: ¿cómo les llamas tú a esos agujeros llenos de tierra que hay en torno a los árboles de las aceras y en los que sueles echar una meadita cuando salimos de Bocaccio [sic] en la alta madrugada? Lo de la meadita era mentira, lo confieso, pero me encantó imaginar a Villena meando en un alcorque. El que sí meaba a veces era un actor, ahora talludo, a quien no nombraré, porque sigo teniéndole mucho cariño, aunque ya no haga esas fiestas tan largas y tan movidas que hacía en su chalé de los madriles altos.

  3. 2009/12/12 en 18:28

    Está gracioso lo de “vendemases”. Y lo de “churumbeliportante” está clarísimo. Por cierto que estos apuntes de Ricardo Senabre (nada menos) me han recordado, por contraste, los de aquel crítico que se dolía de que en El corazón antiguo había palabras inventadas, y tal y cual. Vamos, que para unos el idioma está más vivo que para otros.

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