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Curiosidad

2009/11/25

Mi mujer, Angelika Steiner, percibe muchos más colores que yo (nada de particular, es fenómeno bien estudiado: casi todas las mujeres perciben muchos más colores que casi todos los hombres) y posee una portentosa capacidad para identificar rostros. Hay una enfermedad llamada prosopagnosia de la que un servidor de ustedes no anda muy lejos. A mí me cambian el más pequeño dato —el peinado, el color del pelo, incluso el modo habitual de vestir, el efecto de los años— y soy capaz de no reconocer a mi cuñada (no digo a mi hermano porque sería exagerar). Me he dado cuenta gracias a los actores de cine y televisión. Angelika identifica a cualquier actor o actriz en cualquier momento de su carrera, con cualquier peinado o color de pelo, incluso deformado por algún maquillaje especial. Yo, ni diciéndomelo ella: «Sí, hombre, fue médico de URGENCIAS». Ya. Muy señor mío.

No es bueno este defecto, porque lleva a situaciones desagradables. El 23 de abril de 2005, en Barcelona, durante no sé qué movida fotográfica de Sant Jordi, se acercó un señor a saludarme. Estuvo amabilísimo, casi cariñoso, mientras yo lo pasaba fatal, porque no conseguía identificarlo. Noté que me lo estaba notando, y opté por confesar. Él llevó su deferencia hasta el extremo de darme datos: nos habíamos conocido una noche en el Cock de Madrid, con otros escritores barceloneses, Vila-Matas, Mendoza. Ni flores. Al final, me dijo su nombre y se marchó disgustado. Era Javier Cercas. Se me pone mal cuerpo cada vez que lo recuerdo, y no concretamente porque fuera Cercas, sino por mi grosería. Es una grosería no identificar a alguien con quien has estado hablando unas horas.

No creo que tenga cura, de manera que solo me queda pedir perdón de antemano a todas las personas que en algún momento del futuro seré incapaz de reconocer.

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  1. ramoon
    2009/11/26 en 15:45

    Vaya, pues debe ser verdad ese efecto consolador de las terapias en grupo porque por fin oigo a alguien comentar el mismo problemilla que padezco desde chico, y me ha producido un cierto alivio o consuelo (es muy desagradable pasar por maleducado cuando simplemente se padece esa falta de retención facial ajena. Si encima hay alcohol por medio… en fin, la cosa ya toma tintes de inspector Clouseau)… Debido a eso (bueno y a otros factores, nada desdeñables) nunca asisto a convocatorias de antiguos alumnos… (sería para mí una reunión de continuas y fatigosas adivinanzas)…

    Sin embargo, no creo que sea un tema relacionado totalmente con la capacidad de nuestra memoria… pues a mi me pasa que por contra a esos “olvidos” de jetas, recuerdo, con una exactitud pasmosa, otros aspectos que se supone se encarga de grabar el cerebro en la zona “recuerdos” (tonos de voz, olores, gestos de caras… etc. etc.)… Un disco duro, pues, un tanto aleatorio y rarete el que se nos fue formando a modo de hardware… En mi caso podría influir mucho la falta de atención que ofrezco hacia todo aquello que no me interesa, que es una campo más amplio, o al menos más perentorio, que el que sí me propone interés.

    Y esos libros suyos tan precisos… ¿diría alguien que son los de una especie de desmemoriado? Al hilo de esto, un precedesor suyo respecto al uso de notas me encontré ayer leyendo el libro El Sueño o La Astronomía De La Luna, de Johannes Kepler, donde el cuerpo de notas duplica el texto onírico principal. Aprovecho para decir que me encantan esas notas suyas, tan informativas y enjundiosas.

    Un saludo

    Por cierto, Ramón, que bien nos vendría que la gente se nos presentara de esta indiscutible y resistente manera, ¿no es cierto?

    Pues eso, que It is I,

    Ramoon.

  2. 2009/11/26 en 14:15

    Pues debo de ser un caso raro de mujer porque me pasa como a ti, tengo mala memoria fotográfica y eso siempre me mete en algún lío; aunque reconozco que alguna excepción sí hay porque hace unos meses me reencontré con un chico al que hacía veinte años que no veía y lo reconocí a la primera, hasta yo misma me sorprendí, pero es que el muchacho estaba como en aquel entonces, como si lo hubiesen teletransportado en el tiempo.
    Un saludo.

  3. nosédelhilo
    2009/11/25 en 22:21

    Quizá, por lo mismo que si las mujeres distinguen más los colores es porque fueron recolectoras, en tanto que los hombres captan mejor los movimientos porque fueron cazadores de bestias inquietas pero pardas, si los mortales que queramos que nos hagas el puto favor de reconocernos nos meneamos un poco, entonces podrá ser que caigas en la cuenta. ¿Cómo lo ves?

    • 2009/11/26 en 00:51

      No sé. No acabo de entender lo que quieres decir… Por otra parte, mi problema se plantea con escasísima frecuencia en los últimos tiempos, porque apenas salgo de casa, por la cojera, y solo veo a personas que tengo muy identificadas.

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