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Zazil Alaíde Collins

2009/10/03

Pues, señor, señor: hacía tiempo —vaya usted a saber cuánto: ya ni las referencias recuerdo— que no tocaba poesía a manos llenas, como el deseo toca el cuerpo. Es sorpresa. ¿Quién iba a suponer que esta muchacha de veinticuatro años que me llama don Ramón y a quien seguramente jamás veré en carne y hueso, porque vive tan lejos como México —el lugar que ya no conoceré, a pesar de que llevo desde la infancia deseándolo—, quién iba a suponer que este librito modesto —Junkie de nada (pésimo título)—, iba a contener, tras su portada feúcha, la primera poesía alta que he leído en los últimos años?

Junkie de nada me ha hecho recordar el día, hace ya un cuarto de siglo, en que leí la Odisea Definitiva de Luisa Castro, cuando buscaba poetas que poder incluir en Las Diosas Blancas – Antología de la joven poesía española escrita por mujeres (Hiperión, 1985, 1986): el mismo contacto con un talento inesperado, con alguien que uno no comprende de dónde sale, con esa fuerza y ese gusto en el manejo del lenguaje, con esa sabiduría imposible a tan corta edad, con esa desfachatez que solo da la alegría de poseerse*. Muchas veces, el desarrollo del talento poético de una persona depende en gran medida de sus lecturas. No necesariamente de la cantidad de lecturas, sino del acierto —quizá casual— en la elección. Hay poetas que fascinan y provocan el ansia de imitarlos, pero que son demasiado personales, que solo generan vulgaridad repetitiva en sus seguidores: Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Hölderlin, Lorca, por ejemplo. Hay poetas que con cuatro versos despabilan en el lector todos los recursos de la poesía —Pound, Mallarmé, Rimbaud— sin apenas provocar la imitación, quizá porque son inimitables (pero ese es otro tema). Zazil parece haber tenido mucha suerte y buen instinto en sus lecturas**: sus poemas toman la mejor tradición poética del siglo XX y la proyectan por el camino que deberá seguir, si no quiere asfixiarse bajo el alud de mediocridades que está difundiendo internet**. Nunca tendrán muchos lectores, los buenos poetas, nunca podrán competir con los paladines de la cursilería y del sensiblerismo agudo****; pero sin ellos la poesía se trueca en un arte funcional, que solo sirve para poner en contacto la «fina sensibilidad» de quien escribe con la «fina sensibilidad» de quien lee, como cuernecitos de caracol: tan blandos y tan pegajosos.

Claro está que le queda muchísimo que aprender, a Zazil, que mejorar en su eficacia comunicativa, que eliminar en sus excesos de optimismo (cuando cree que el lector va a entender lo que no comunica bien), que precisar y afinar en su ya vigoroso lenguaje. Los lectores de alta poesía somos muy exigentes —crueles, en verdad— y no perdonamos una.

No cabrá perdonarle a esta chica que no llegue a ser lo que ya casi es.

* También he pensado, leyéndola, en mi hijo Ramón, que de puro vago acabará imitándome en lo tardío del primer libro publicado, pero cuyos poemas van o iban al mismo nivel. Lo que pasa es que, claro, los padres no somos quiénes para hablar de nuestros hijos.

** Políglotas, además, para mayor bendición: nadie que no lea inglés puede hoy escribir buena poesía moderna, de nuestro tiempo. Y sigue siendo cierto que il faut être absolument moderne.

*** Quiero decir: la facilidad de publicación y difusión —al menos entre amiguetes— que supone internet.

**** Hay páginas terroríficas en la red. Por ejemplo, con más de mil quinientas visitas diarias:

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  1. Eduardo Ávalos Vélez
    2009/10/07 en 00:47

    Hola Ramón, mi nombre es Eduardo Ávalos Vélez y soy el editor del sello editorial mexicano que publicó el libro de Zazil Collins. Primero que nada quisiera agradecer el tan fino comentario que haces sobre Junkie de nada. Concuerdo contigo en el consejo final que le das a Zaz y yo podría resumirlo en que Zazil debe seguir experimentando en su creación poética, poner al microscopio los logros obtenidos y probar otros tipos de voces, siempre con la sencillez que debe caracterizarla. Yo soy editor y también poeta, y en lo personal (como editor y poeta)quisiera pensar que los buenos poetas sí van a tener muchos lectores, por lo menos los que se merece y hacia allá va nuestra labor como editores. Ahora quisera preguntarte si puedes aconsejarnos sobre algunos puntos de venta para el libro en España porque nos encantaría enviar algunos ejemplares. Otra vez, muchas gracias y estamos en contacto

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