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Ego

2009/10/03

Ayer fue un día de esos en que el ego —tan menguado, el pobre, desde que dejó de ser inmortal— se esponja como un pajarillo satisfecho al sol de invierno.

Primero, me llega un ejemplar de la revista Metapolítica con un artículo de Zazil Alaíde Collins (poeta mexicana muy joven y, según la leo, muy buena) (ya confirmaremos esto último, porque aún no he terminado su Junkie de nada*) titulado «Ramón Buenaventura, poeta de Tánger».

Segundo, me avisan del toque de Ignacio Echevarría ya comentado en la anotación anterior.

Tercero, recibo un libro grueso que se titula Tánger – La ciudad internacional*, obra de Rocío Rojas-Marcos, y veo, con no poca sorpresa, que está dedicado «A Rachid Tafersiti, Emilio Sanz de Soto, Tomás Ramírez, Ramón Buenaventura, y tantas otras memorias tangerinas»; que la cita inicial procede de mi Cantata Soleá («Nací en una ciudad que ya no existe / en un país que entonces no existía»); y que en el texto se hace abundante referencia de mis novelas El año que viene en Tánger, El corazón Antiguo y El último negro, con un capítulo entero —«La ciudad patrañuela»— a ellas dedicado. [Volveremos sobre el asunto cuando haya podido recorrerme las cuatrocientas y pico páginas de Tánger.]

Detalles todos que halagan, cómo negarlo, aunque esta foto que ayer me hizo Angelika, en el salón de nuestra casa, me devuelva brutalmente a la realidad:

2009-10-02 055a

El despojo derrumbado en un sillón orejero, al fondo, soy yo. Escalofriante.

* Zazil Alaíde Collins, Junkie de nada: Editorial Lenguaraz, México D.F., 2009.

** Rocío Rojas-Marcos Albert, Tánger, la ciudad internacional: Editorial Almed, Granada, 2009.

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