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Alba Cromm

2010/04/14

clip_image002Vicente Luis Mora / Alba Cromm / Barcelona, Seix Barral, 2010

Por motivos que, si llegara a intentarlo, me resultaría imposible elucidar, emprendí la lectura de este libro con dos prejuicios afincados en la cabeza: iba a enfrentarme a un texto a) de intención revolucionaria y b) ergódico[1]. Habían transcurrido pocas páginas cuando hube de llegar a la conclusión de que estaba leyendo un texto a) claramente evolucionario y b) de lectura intencionadamente fácil.

Alba Cromm es un libro que busca la evolución de la novela tradicional, pero en modo alguno su revolución. Ninguno de los recursos que Mora utiliza para su confección arroja el menor síntoma de afán revolucionario[2], pero muchos de ellos sugieren cambios positivos en el modo de escribir novelas : una acumulación de puntos de vista sin sintetizar, por ejemplo ; una gran libertad de estructuración del relato ; una voluntad decidida de no taponar los caminos a la imaginación del lector y, por tanto, de no

Hay un pequeño detalle que no suele mencionarse en las críticas literarias, que, se supone, han de ser objetivas y desapasionadas: el factor disfrute; el único que de veras importa al lector potencial. En mi caso particular, he de reconocer que he disfrutado de Alba Cromm desde la primera a la última página: me he reído, me he sentido cómplice, he comprendido. No es que no pueda pedirse más (se puede y se debe), pero es que el más también está en el libro, y de él se habla en el resto de este comentario.

interpretar la acción ni cerrarla en sus detalles… Mora en ningún momento quebranta las normas generales de la narrativa, pero sí las ensancha o lubrica o actualiza ( a partir del elemental esquema de lo que está parodiando, es decir la narrativa popular, literaria, cinematográfica, televisiva, etc. ). Es, seguramente, lo máximo a que puede aspirar un novelista potente hoy día : cualquier intento de quebrantar las leyes conduce casi inevitablemente a la inedición, y uno no escribe para dejar los libros en el disco duro.

Tampoco parece que el autor se plantee ningún intento de superar las limitaciones lingüísticas que nos inflige la mala calaña de casi todos los lectores actuales. En Alba Cromm se emplea un lenguaje preciso, de buena gramática[3], moderno[4], de fino oído y ritmo seductor, pero sin ninguna pretensión didascálica, ni de humillar —para que aprenda— al lector esperable : salvo los que tiene que inventar, porque su planteamiento cienciaficticio a ello lo obliga, Mora no emplea en todo el texto ni un solo término para minorías selectas, nada que obligue al lector a recurrir al diccionario[5].

Estamos, pues, ante un libro que pule y adapta a los tiempos modernos la tradición narrativa sin hacer difícil la lectura. Muy al contrario : Alba Cromm se lee de un tirón, con ganas de ir averiguando a toda prisa lo que pueda ocurrir en la página siguiente, pero sin dejar de pensar en paralelo ; no es puro entretenimiento, sino, al contrario, una continuada propuesta de reflexión apoyada en un relato con gancho. No es el facilón « piense usted después de haber leído », sino el más anchuroso « piense usted mientras lee, si la cabeza se lo permite ; y, si no se lo permite, diviértase, hombre, que no es pecado ».

Tampoco los personajes aspiran a la complejidad : todos son sencillos y están claramente motivados, aunque a veces el autor explique esta clara motivación mediante procedimientos algo revueltos ( ¿para no facilitarle tanto las cosas al desocupado lector? ). Alba Cromm persigue a sus delincuentes porque los odia, y renuncia a los más cálidos contactos humanos porque son incompatibles con su misión. Luis Ramírez organiza el número especial de la revista Upman porque se lo han encargado ( motivación que abunda sobremanera en nuestro mercado actual de la cultura ), Ezequiel Martínez Cierva se enamora y se deja fascinar por Alba sin la menor insumisión ante lo inútil de su propuesta amorosa. La psicóloga analiza porque para eso está… Con lo anterior no quiero decir que los dibujos sean simplones, sino que no son tortuosos ni complicados, que podrían encajarse en el ¿ argumento ? de un videojuego sin complicarles la vida a los jugones. Se trata de capturar a Nemo[6] aplicando las más refinadas técnicas de identificación y localización, no de perderse en sutilezas psicológicas. Se trata de representar, en una novela que es, en la realidad de la ficción, un número especial de una revista, el tratamiento que en una publicación destinada al público en general se daría al asunto. Con todas las limitaciones de la parodia y ni un solo error de medida.

Alba Cromm es, pues, una novela de primer nivel simple, adaptada a la simpleza de los lectores actuales[7], acostada sobre un segundo nivel, un entramado de ramificaciones posibles que consigue mantener el interés de los lectores menos simples. En ese sentido, una hábil obra maestra.



[1] Ergódico es todo texto que requiere del lector un esfuerzo superior al que habitualmente le supone la lectura. He escrito unos cuantos ; quizá pueda afirmarse que todo lo que he escrito es ergódico, salvo mi biografía de Rimbaud; pero se trata de una noción teórica inútil, porque nos refiere a una figura de « lector » que no está definida. Hay personas para las que todo texto es ergódico y personas capaces de encajar escritos considerablemente abstrusos sin pestañear demasiadas veces. Digamos que yo esperaba un texto difícil hasta para mí, que soy un lector excelente, modestia aparte. Quizá me condicionara a esta suposición el hecho de estar leyendo en este momento ( antes y después del libro de Mora ) un House of Leaves que he de suponer intramitable para el 99% de los lectores.

[2] Que yo, para mi mal, sí he padecido y padezco.

[3] He registrado tres o cuatro tropezones en el error que con más frecuencia cometemos prácticamente todos los hispanohablantes ( « para que no le diese tiempo a las autoridades », véase una notita mía sobre el asunto en el Rinconete del Instituto Cervantes ), y un persistente uso del verbo « escuchar » como sinónimo de « oír » que a mí me pone de los nervios, pero quién va a preocuparse de lo que a mí me ponga o me deje de poner de los nervios.

[4] Sí, ya : whatever that means. No encuentro mejor término ; quiero decir que la escritura se ajusta a ritmos y vocabularios actuales.

[5] Pretensión insensata : el lector actual no acude al diccionario, como hacíamos antaño, en busca de aprendizaje ; el lector actual se ofende cuando tropieza con una palabra desconocida.

[6] Nemo no es solamente el nombre del capitán y dueño del Nautilus, sino sobre todo la respuesta que da Ulises al cíclope, en la versión latina de la Odisea, cuando éste le pregunta « ¿ Quién eres ?». Nemo = nadie. En griego, Utis = también nadie. De ahí están tomados los que vienen siendo mis nicknames de internet desde hace un pilón de años : Nemoutis, Utisnemo… El Nemo de Mora es alguien, pero en su identidad está lo sorpresa mayor y más enjundiosa del libro, su ironía máxima, su mejor justificación literaria ( si olvidamos que la parodia no necesita justificación, porque la tiene en la mera existencia de lo parodiado ).

[7] Que los editores y un número creciente de escritores les suponen a todos los lectores actuales, menos a unos cuantos que no constituyen mercado suficiente y, por lo tanto, no interesan.

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  1. 2010/05/31 en 12:26 | #1

    Yo no estoy demasiado de acuerdo con la crítica de R. Buenaventura. Creo que ha sido demasiado benevolente…. Podría tratar de explicar mis conclusiones después de la lectura de la novela, pero ya lo ha hecho otro mejor que yo aquí
    http://www.solodelibros.es/26/05/2010/alba-cromm-vicente-luis-mora/

  2. 2010/04/15 en 15:31 | #2

    Verdaderamente, Alvy Singer, te has convertido en un artista de la sobreinterpretación. Un gran artista, dicho sea de paso.

  3. 2010/04/15 en 01:49 | #3

    También me parece cautivadora la figura de Nautilus, el robot casi ascético cuya sabiduría se nutre de cierto pensamiento, pero cuya mirada (sus llamadas al megaphone para leer a Pynchon) se diría sacada de cualquier dios contemplativo de antaño.

  4. 2010/04/15 en 01:48 | #4

    Mr. Buenaventura coincido en todo (by the way, me parece muy contemporáneo o muy moda recuperada lo de hacer prestación de géneros con otras intenciones) menos en lo de los personajes. Cromm, Ezequiel y Elena me parecen personajes muy complejos, nada de buenos ni malos exactamente. SPOILERS – Los dos traumas de Cromm me parecen dos logros SPOILERS.

    Saludos.

  5. 2010/04/14 en 12:40 | #5

    Hay que ver cómo bajamos la guardia, ¿no, Ramón? Es decir, que Mora se guarda sus pruritos revolucionarios para el blog, pero para la novela, pergeña algo perfectamente tópico con personajes sin psicología, bidimensionales y sin siquiera una autoexigencia verbal importante.

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